Somos culturalmente dos cosas: judíos y cristianos. Si nos sacaran de ese ambiente cultural, patinaríamos.
No somos herederos de grandes imperios, como el persa, o el babilónico, que aplastaron a ese pueblo oscuro llamado Judea. Ni de los griegos, que si nos influyeron fue a través de Orígenes y el evangelio de Juan; y a través de los romanos; pero éstos se incorporaron también a la herencia de
Per
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Por el contrario,
Es una diferencia crucial, que se quiere disminuir diciendo que las creencias son las mismas: sí, son las mismas, pero la forma de adquirirlas es completamente distinta. Una desarrolla la libertad, otra la obediencia. No solemos preguntarnos por esta paradoja: porqué un pueblo, el anglosajón, es civilmente más obediente que el católico, como muestra la historia de EEUU y Europa comparada. Yo diría que porque la libertad deseada exige responsabilidad, mientras que el dirigismo y el tutelaje de las conciencias enseñan pasividad.
El caso es que los protestantes leyeron la biblia de P a PA, todo, el antiguo y el nuevo testamento; en cada casa había, al menos, una Biblia,
En todo caso, un poco de juicio nos desaconsejaría sentir esa boba y maligna simpatía por Hamás, Hezbolá, Ben Laden, Irán, y toda esa caterva. Son terroristas, mientras Israel es algo nuestro. Es algo nuestro por raíces culturales, pero también porque es la vergüenza viviente de Europa. Si existe Israel es porque nos empeñamos durante siglos en expulsarlos, masacrarlos, exterminarlos, y odiarlos siempre. Se sometieron a nuestra civilización, pero desconfiamos hasta de eso.
Pero, en todo caso, siendo Hamás terroristas reconocidos, no se puede hablar ecuánimemente de ellos, o con empatía mal disimulada - o nada disimulada- , como hacen muchos a mi alrededor. Cada vez que veo a un analfabeto con el pañuelo de Arafat al cuello, me pongo malo. Es tan amenazante como la esvástica. Afortunadamente, Israel aprendió a luchar, a ser soldado, tras siglos de exilio:
Serás un israelí, serás un soldado,
Edificarás la patria con ciénagas; la levantarás con desiertos.
Trabajará contigo tu hermano, cuya cara no has visto nunca.
Una sola cosa te prometemos:
Tu puesto en la batalla.
(Israel, 1969) Jorge Luis Borges