jueves, 14 de febrero de 2013

Hyper

La hiperinflación alemana de la república de Weimar está distorsionada completamente. Muchos creen, y nos hacen creer (por ejemplo, los austéricos), que fue la causa de la llegada de Hitler al poder. Aquí, David Glasner sale al paso de esta grosera mentira, propia e un inepto analfabeto como Rallo & Al.

Sin embargo, la cronología es diáfana: la hiperinflación duró de 1920 (final de la guerra mundial) hasta 1923, en que llegó a su máximo esplendor, como pueden ver en el gráfico de la devaluación del papel moneda frente a un marco/oro.

Un marco en billete llego a caer frente al marco-oro nada menos que un billón de Marcos.

Pero eso fue, como dice la figura, hasta 1923.

En ese años se decide atajar la situación y se crea una nueva moneda, ligada al oro, que se mantiene estable, pero provoca ja deflación, desempleo y pobreza.

Esa deflación que se inicia en 1924, y el malestar que produce es lo que hace llegar al Hitler al poder en las elecciones de 1933. Por lo tanto, entre el fin de la hiper inflación y la llegada e Hitler, pasan 10 años.

Es cierto que la hiperinflación dejó un amargor contra lo extranjero, especialmente franceses, pero la crisis que precedió la llegada de Hitler al poder, 3 años después de ser considerado un matón loco sin posibilidades, fue la deflación y la depresión que vinieron tras la hiperinflación. Deflación que además fue mundial.

Por otra parte, el origen de la hiperinflación fue las condiciones draconianas que Francia se empeñó en imponer sobre Alemania por reparaciones de Guerra. Es verdad que Alemania se portó como una bestia con Francia, y dejó el Norte anegado en barro: pero, como advirtió Keynes, asesor del Gobierno británico en La Paz de Versalles, Alemania no podría hacer frente a esas reparaciones (tendría que dedicar casi el total de su producción a pagar la deuda), lo que crearía condiciones sociales nada estables para Europa. Alemania, con un Régimen y un gobierno débil vigilado por las potencias vencedoras, no tuvo otro remedio que intentar comprar el oro y las divisas, necesitadas para pagar su deuda, mediante la emisión de billetes nacionales, lo que obviamente sólo podía durar un tiempo. En la imagen, la evolución de la deuda del gobierno de Weimar en Marcos-oro.

De modo que bastante de la culpa de de la famosa hiperinflación fue la firma del Tratado de Paz, que Alemania consideró humillante y que muchos de sus representantes se negaron a firmar. Esto creó un clima de hostilidad hacia las potencias vencedoras y no menos hacia el régimen alemán títere de Weimar, que desde el primer momento se tradujo en un clima de hostilidad crecientemente desestabilizador.

Los intentos del gobierno americano de ayudar a Alemania a refinanciar su deuda llegaron tarde. Sobre todo porque el mundo se había derrumbado en brazos de la Gran Depresión. Los signos de malestar se extendieron por Europa, inmersa en una política de austeridad y de acumulación de oro totalmente venenosa (especialmente Francia), porque la oferta de oro era limitada para la demanda creciente de los países que querían almacenarlo (como advirtieron Cassel y Hawthrey). Esa política no hizo más que agudizar la caída de la demanda mundial y del comercio internacional, etc.

En suma, una concatenación de errores bienintencionados, pero enormemente dañinos, provocaron la inestabilidad social que propició la llegada al poder de grupos marginales que consiguieron desprestigiar las democracias como incapaces de arreglar los problemas. Lo malo es que el mito de la hiperinflación todavía perdura como causa eficiente de la llegada de Hitler al poder, y es utilizada como espantajo por Merkel para mantener una política de austerismo parecida a la entonces causante del desastre. Y lo malo es que nuestras clases políticas, corruptas, necias, y por ende, sin poder, se lo tragan y nos lo hacen tragar. Y así, sin saberlo, están propiciando las condiciones que sí desestabilizaron Europa en los años treinta.

Desgraciadamente, el mundo está gobernado por ideas erróneas, que son las únicas que llegan al público que elige a sus gobernantes. Estos son culpables de sostener el error, por conveniencia y/o debilidad. Sólo podemos aspirar a que el error sea lo menos dañino posible. Un regla para saber qué es lo menos dañino es: lo que se aleja del espíritu de refundación. Las refundaciones siempre implican que un grupo social se impone a otro, y eso no lleva a otra democracia nueva, sino a la tiranía. Las refundaciones llevan en su seno ideas foráneas mal digeridas, mal adaptadas, que se enfrentan entre sí a muerte. Y es que hay circunstancias idóneas para que se postulen al poder gente que en la normalidad no tendría ninguna chance. Y España es un país de ideas firmes mal digeridas, tanto de uno como de otro bando. Eso es lo que creo que vamos a vivir dentro de poco, ineluctablemente.