"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

sábado, 18 de febrero de 2017

Día en el gimnasio

Por razones de salud, suele ir con frecuencia al gym. El gym es un microclima muy curioso. Primero, suele ser un lugar sobre saturado de gente, y el espacio es limitado. Eso crea un cierto estrés, sobre todo en el vestuario. A ello se añade que en dicho vestuario - el de chicos - todos estamos desnudos o semidesnudos. Desnudos les gusta ir, bamboleando las partes pudendas, a los más dotados de tales partes. Los demás, los pudorosos, llevamos una toalla atada a la cintura. No sé si esto sucede en el vestuario de chicas, pues no me han dejado entrar nunca. No tengo información al respecto, aunque me gustaría. 
Después de cambiarme, me voy a hacer mis ejercicios. En la primera sala, hay una serie de antipáticos aparatos de musculación que no suelo visitar, paso de largo. Observo que, en uno de ellos, un anciano solitario se ha dormido. Se nota porque está roncando. Todos pasamos procurando no molestarle, aunque la música ambiente está alta. 
Inmediatamente vienen las dos salas de los vigoréxicos, dónde están los que entienden. Hacen cosas muy raras que dan yuyu. Mejor dejarlos, y llego a mi auténtico reino que es la cinta de andar y correr. Aquí hay una cantidad increíble de gordas que se ponen a andar pasito a pasito, a la par que hablan por teléfono incesantemente, con amigas a las que informan de que están en el gym. Tras unos minutos de ponerse al día - ay, hija te llamo porque me he dicho, pobre, hace un montón que no la llamo - pasan sin dilación a hablar de cosas propias de su género y edad (pido perdón a la policia de igualdad de género, pero es que cada género se diferencia por la edad, o viceversa), como recetas o ganchillo, nietos - qué riquísimos son - y otros temas igualmente apasionantes. Entre unas y otras no paran. Lo que hacen de gym no sirve absolutamente para nada, pero pasan el tiempo amenamente.
En cambio, hay cada vez más chicas jóvenes, en un estado de forma perfecto, que hacen de todo: correr como fieras, levantar pesas como hombres, e incluso dar clases de boxeo. Hay una que se la nota que está deseando soltar hostiazos de verdad. Y encima están buenas, con perdón de la policia del ramo. 
Tras una  hora de sudar copiosamente, me vuelvo al vestuario, en donde me encuentro lo mismo que antes. Observo que uno de los superdotados se está afeitando con sus pudendas partes apoyadas en el borde del lavabo (no se está afeitando eso, sino la cara). Qué asco, tomo nota para no acercarme a ese lavabo. Alguien debería decirle algo, pero su musculatura disuade. Mejor no ver, no oír, no hablar. 
Aparte de los exhibicionistas hay gente discreta que procura no molestar ni ser molestado en esa jaula de monos sin pelos - aunque alguno es casi más velludo que un orangután. Salir de ahí siempre es una satisfacción, pensando en las cañitas que te vas a tomar a costa del ejercicio. Es el objetivo intermedio, que se llama. 
Me gusta el gym, aunque no es a muy sociable. Me gusta por las endorfinas, que hacen que ese rato de las cañas sepa a gloria. ¿O son las cañas las que sueltan las endorfinas? No lo sé. Yo juro que cuando son después de una sesión de gym, saben mejor. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenísimo.Me ha encantado. Además de ingenioso,muy ameno y bien escrito.Gracias por este breve relato.

miguel navascues dijo...

Muy amable y generoso