"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Unamuno dijo...

He sido, y supongo que sigo siéndolo (hace tiempo que no lo leo), Unamunista. Haberlo leído desde los 18 años, sin orden ni concierto, hasta que la edad me convenció de poner un poco de orden, me ha hecho rabiosa, radicalmente unamuniano. Es decir, más con el corazón que con la razón, aunque cuando quise ordenar mis ideas me fui dando cuenta que de manera desrazonada no era mal camino para penetrar en lo más íntimo de él.
Hoy, gracias a unos artículos de El País, emerge uno de los episodios más oscuros de su vida, que fue su famosa intervención en un acto de la universidad de Salamanca, de la que era rector, y en la que no sé por qué triste decisión se invitó a la Falange y a Millán Astray. Supongo que el acto estaba dirigido por ellos, que para eso ocupaban la ciudad durante la guerra.
En un momento del acto, al nefasto Millán Astray se le ocurre gritar, “Viva la muerte muera la inteligencia”. Unamuno, que llevaba un tiempo tomando notas en una cuartilla, nervioso y agitado, se levantó indignado y dijo... 
y aquí viene el problema. Nadie sabe exactamente lo que dijo Unamuno, porque sus palabras no fueron registradas en la algarabía que se montó entre “vivas” y “mueras”, y todas las versiones que salieron después a la luz no son demostrables. Unos parecen querer supervalorar a Unamuno, y otros infravalorarlo. En los artículos señalados de El País pueden seguir la polémica, que está entre el rigor histórico y la leyenda.
Como decían en esa sin par película “El hombre que mató a Liberty Valance” - tan unamuniana, por otra parte - cuando la leyenda supera la realidad, se publica la leyenda. Muchas veces he recordado esta sentencia, y en el caso que nos ocupa yo soy partidario de creer que Unamuno  dijo las brillantes palabras que le endosaron sus más fervientes seguidores.
Es aceptado con más o menos generalidad que dijo, 




“Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.

La primera frase de este párrafo me llega a mi corazón unamuniano, y me sobran razones para pensar que si no la dijo, la pensó. Vencer no es convencer; si algo es puramente de Unamuno es estas cuatro palabras. ¿Que no hay registro que lo demuestre? Tampoco lo hay que refute que lo dijo. Que ahora un tal Sebastián Delgado pretenda desmontarlas y buscar otro cauce para reconstruir el evento, me da igual. No es que le niegue el derecho a su espíritu investigador, pero como aquel periodista de la película citada, me quedo con la leyenda, que algo de verdad contiene. 
Otra cosa: nadie se esperaba de Unamuno una salida de ese tono, pues cuando estalló la guerra, el defendió el levantamiento militar, como único camino rectificador del gran desvarío de la República, que él mismo había contribuido a traer, siendo diputado de las Cortes Constituyentes, después de su enfrentamiento y exilio de siete años con el dictador Primo de Rivera. Incluso sirvió sin querer a la propaganda franquista, cuando Franco le robó la idea que la guerra era una cuestión entre la defensa de Occidente y el Comunismo que venía de Rusia. Si hay un hombre paradójico es Unamuno, que se enfrenta con unos (dictador Primo de Rivera, pero antes con el régimen de la Restauración), (con la República, que había contribuido a nacer), (y con el franquismo que comenzó por aprobar). Entre esa turbamulta de paradojas, hay un hombre que siempre fue fiel a sí mismo, y por eso esos choques constantes cuando hablaba de política. En realidad sólo tuvo un tema que le royó él alma durante su vida entera, que era la pérdida de la fe religiosa y su constante agonía (lucha) por recobrarla. De ese fondo surgen maravillosos textos que me traen recuerdos imperecederos que renovaré constantemente. 
Lo único que digo es que la frase que se supone leyenda encaja perfectamente en esa agonía de Unamuno, en esa forma de ser, y en esa fidelidad a sí mismo. 
No sé si añadir: sirva esto de reflexión sobre la ultra simplificación que vivimos ahora con el gobierno empeñado a jugar a las tabas con los huesos del general Franco. Hubo un momento de confusión y dolor en que realmente no había buenos y malos, sino mejores y peores. Como dijo Julián Marías cuando acabó la guerra (como republicano), “qué bien que hayan perdido estos. Qué pena que hallan ganado aquellos”. 

5 comentarios:

Luis Varela dijo...

Es decir, si yo ahora digo que usted dijo hace veinte años que Unamuno fue un hijo de puta, como nadie puede demostrar ni que sí ni que no, se da credibilidad a lo que yo digo... Va6ase a esparragar, hagame el favor.
PD: No tengo ni idea de qué dijo o no dijo Unamuno.

Luis Varela dijo...

En referencia al "slogan" que reza al final de su blog le diré que vulgar, incluso me atrevo a decir vulgarisimo, es afirmar o dar por hecho que algo es cierto si no puede demostrarse. No caiga en los vicios tan denostables del periodismo.

miguel navascues dijo...

No tiene sentido de lo poético

miguel navascues dijo...

No tiene sentido de lo poético ninde lo trascendente

miguel navascues dijo...

Es ud un pobre de espíritu