"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

domingo, 5 de marzo de 2017

Luis Garicano ¿liberal, keynesiano, socialdemócrata?

Lo contentos que están los mercados con Trump demuestra que éstos no creen en el libre mercado. Se han puesto muy "calientes" porque Trump ha prometido lanzar el gasto público y bajar los impuestos a los más favorecidos, lo que se puede interpretar como... sólo se puede interpretar como una expansión fiscal keynesiana. Bah! En realidad los mercados atienden a la ganancia a corto plazo, y les importa una higa lo que pase una vez que las obtengan. 
Pero, ¿qué es eso del mercado? Yo aquí voy a usar una definición simple: mercado es la manifestación de lo que piensan los que participan en él. Si piensan que va a subir, cuando el mercado sube al día siguiente, han mejorado lo que piensan los participantes. También se suele decir han mejorado las expectativas. Esto reafirma y aumenta las expectativas de subida. 
En estas expectativas influyen muchas cosas. Fundamentalmente, el estado de ánimo (subjetivo) y factores exógenos que influyen en el estado de ánimo. Los de la Teoría de la Eficiencia de los Mercados (EMH) proponen que el inversor es racional - que no tiene estado de ánimo - que analiza las noticias y actúa en consecuencia, sin equivocarse mayoritariamente. Al actuar - y si actúan muchos igual - mueven el precio, lo que hace de señal para otros que no se han enterado de las "news", pero reaccionan al precio y deciden actuar en el mismo sentido. 
Este efecto de arrastre es innegable. Yo lo llamo efecto jauría. Ahora mismo hablo de él. 
Si admitimos el factor subjetivo, llegamos a conclusiones distintas, como Keynes, que decía que el mercado se parecía a un casino. Los mercados se mueven por lo que hacen los demás. Los demás actúan por el estado de ánimo. Y el estado de ánimo suele ser casi unánime. Si algunos con peso - con dinero - piensan que va a subir, compran, lo hacen subir, y eso atrae a todos a comprar, lo que lleva el precio más allá de lo que indicarían los "fundamentos". En realidad, La Bolsa siempre sobrereacciona, siempre está en movimiento, y siempre por exceso o por defecto sobre un precio que nadie conoce con exactitud dónde está su punto justo. Ergo: por eso los de la EMH dan por hecho que todo precio alcanzado es racional, sea el que sea, y que nunca hay excesos. No hay burbujas, es su alocada conclusión. En 2008, según Eugene Fama - premio Nobel como máximo exponente de la teoría de la EMH - no hubo burbuja. Negar una burbuja es como negar un terremoto y entregarse al fatalismo de que no se puede hacer nada. Fama es partidario de la desregulacion total. Estará contento con Trump, que va a acabar con la legislación regulatoria que se hizo después de 2008 para reducir los riesgos sistemicos. 
Por ejemplo, el nivel alcanzado por el S&P 500 de EEUU, evidentemente muy alto, para ellos es el precio justo, el de equilibrio. Nunca tiene en cuenta el efecto "jauría", por el que todos tienden a imitarse unos a tiros por el contagio de un ambiente general de euforia o de pesimismo. 
Es lo que me parece más importante de los mercados, ese efecto jauría que hace que todos vayan en la misma dirección y que, inevitablemente, producen excesos. Yo no sé medir ese exceso porque no sé cuál es exactamente el precio óptimo, pero sí observo el mimetismo y el efecto jauría, lo que me lleva a pensar que hay excesos. 
En el mercado nadie está interesado por cuánto vale objetivamente una acción, o el mercado en su conjunto, porque lo que le interesa de verdad es cuanto piensan los demás lo que va a subir o bajar a una determinada fecha. Es más, no le interesa lo que piensen de cuánto es el valor contable exacto de una acción, sino lo que piensan los demás que piensan los demás (sic. Que, por cierto, es lo que se ve en los charts) de cuánto va a valer en una fecha. De ahí el  mimetismo y el efecto jauría. Por lo tanto, nadie toma en cuenta el valor objetivo, si es que tal cosa sería obtenible. Supongamos que el precio es 100 veces más que el valor objetivo. Pero si el sujeto piensa que los demás piensan que mañana va a subir, él compra. Mimetismo y jauría. 
En un artículo de hoy, me he quedado consternado de ver que el bueno de Luis Garicano -economista líder de C's y profesor de la London School -, cree en la eficiencia del mercado y en Eugene Fama. Me gustaría saber cómo explica él la crisis de 2008, porque su creencia en Fama le hace cómplice de su teoría de que no hubo burbuja no excesos, que todo fue por la mejor razón posible, la EMH. Es déficit, como doctor Pangloss en aquel cuento maravilloso de Voltaire, que decía que todo lo que sucedía en el mundo era lo mejor que podía pasar, puesto que este mundo es de Dios y no puede suceder nada malo. No me extraña nada que el C's se dice un día liberal y otro socialdemócrata. Que falta de rigor. 
Los teoristas del Mercado son panglossianos. Sacralizan una acción humana que en conjunto es compleja e inestricable. Hay que forzar mucho la imaginación para observar los hechos y explicarlos con teorías tan simplonas, que son pura tautología: "esto es así porque es bueno, y es bueno porque es así". La quiebra de millones de personas no les hace mover ni una pestaña. "Es que se han equivocado". Hombre, eso es obvio, Garicano, pero hay que indagar por qué, sobre todo cuando tienes pistas de que las instituciones encargadas de proteger a los pequeños inversores actuaron se mala fe. Claro, que ellos dirían que esas instituciones no deberían de existir, porque interfieren en el libre juego del mercado. La verdad es esta: la información no es libre, es asimétrica en contra de los pequeños y en favor de los insiders, esa es la verdad.