"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

martes, 23 de agosto de 2016

Políticos de ayer y de hoy

Como muestra de la diferente talla política y moral con la que se ejercía el poder en España durante la Transición, y el momento arrabalero de hoy, extraigo del artículo de Jorge de Esteban el discurso majestuoso y viril (en sentido romano) de Adolfo Suárez, cuando dimitió en 1981.

HAY MOMENTOS en la vida de todo hombre en los que asume un especial sentido de la responsabilidad. Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor. Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento irrevocablemente mi dimisión como presidente del Gobiernoy mi decisión de dejar la presidencia de UCD. No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos, en los que uno debe preguntarse serena y objetivamente si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él. He llegado al convencimiento de que hoy, en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia».

Así comenzaba el importante discurso televisivo de Adolfo Suárez el 29 de enero de 1981 por el que comunicó a los españoles su decisión de dejar el Gobierno después de unos años espectaculares en los que se implantó, tras 40 años de dictadura, la democracia en nuestro país. Seguía diciendo Suárez: «Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí como la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona, que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación». Y, en consecuencia, añadía: «Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir con mi renuncia, a que este cambio sea realmente posible e inmediato. Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y los desencantados. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe entorno a las ideas básicas, a las instituciones y las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos».

No hay palabras que añadir. 

2 comentarios:

Enrique Zurita dijo...

Lo que hay ahora es de traca, pero Suárez no tenía la talla que se le ha querido dar. Gana sólo por comparación.
Ojalá tengamos algún día políticos de la talla de Churchill, Thatcher o De Gaulle (al margen de ideologías
y errores).

Hoy las personas con más talento del país han claudicado de la labor política, porque no hay filtro de entrada y se ha
convertido en una burocracia cleptocrática. En Francia con la ENA había filtro, en Inglaterra igual.

Falta meritocracia para que atraiga a los mejores, que están ganando mucho dinero en el sector privado (a muchos
de ellos les gustaría serviri a su país) pero no teniendo que lidiar con esa mediocrecracia.

miguel navascues dijo...

Sí, eso es verdad, pero Suárez, viniendo de de donde venía, con lo poco que tenía, y con el acoso u deeribo del PSOE, lo hizo bastante bien. Era político, no tenía dotes de Administración, sin embargo dejó la deuda en niveles ridiculos. Yo le admiro personalmente por su honradez y patriotismo, del que nunca se pudo dudar, virtud ahora a la altura de betún.