"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

lunes, 25 de junio de 2018

Totalitarismo

«Un régimen dispuesto a ejercer un terror ilimitado no puede ser derribado», afirmó Lenin en 1917.


Según Mira Milosevich, “Breve historia de la revolución rusa”

A finales de la década de 1930, el término totalitarismo ya se usaba para describir el tipo de Estado y de sociedad que Stalin había diseñado. Benito Mussolini lo había aplicado en referencia a su propia Italia fascista casi dos décadas antes. A pesar de algunos contrastes ideológicos, fascismo, nazismo y comunismo compartían características básicas en sus métodos de gobierno: un líder dominante y un Estado controlado por un solo partido que monopoliza los instrumentos de coacción y los medios de comunicación; la persecución de cualquier individuo independiente, organización o institución capaz de desafiar la ideología oficial o de interponerse entre los órganos centrales estatales y los ciudadanos ordinarios; fin de la separación entre la vida privada y pública. Hasta el colapso del comunismo, los historiadores soviéticos definían el periodo de estalinismo como el de la «construcción socialista». 
La construcción del socialismo era una mezcla de edificación eufórica de fábricas gigantescas, transformación de aldeas en granjas colectivas y conversión gradual del ciudadano en homo sovieticus (hombre soviético, Sovietski cheloviek), paradigma de la refundación de la condición humana para mejorarla. El elemento central del proceso de construcción del socialismo era el adoctrinamiento de la población en una nueva visión del mundo basada en principios científicos del desarrollo humano. Para conseguirlo, el régimen estalinista cultivó asiduamente la participación masiva de los ciudadanos, mediante la educación y propaganda, en el culto al líder, campañas electorales, discusiones públicas (por ejemplo sobre la Constitución), ceremonias y celebraciones públicas como la de 1937 del centenario de la muerte del poeta Aleksandr Pushkin (1799-1837), y tribunales y procesos públicos. 



El sistema estalinista fue mucho más que una serie de instituciones políticas formales. El sistema del poder bolchevique fue creado por Lenin, consolidado por Iósif Stalin y mantenido por Nikita Jrushchov y Leonid Brézhnev. Cada uno de ellos introdujo características personales en el ejercicio del poder, pero sus diferencias fueron mucho menos importantes que los ingredientes constantes del sistema –la práctica de la dictadura política, el centralismo administrativo, la arbitrariedad jurídica, la represión de toda expresión nacionalista o religiosa, la uniformidad ideológica y la intervención estatal en economía. Bajo el estalinismo, se conservaron los elementos básicos del leninismo, pero otros elementos fueron alterados. 
Stalin cambió la política multinacional, fortaleció la centralización de la administración, y suprimió las empresas privadas y el comercio individual. Reteniendo el dogmatismo marxista-leninista, fundamentó la legitimidad política del régimen no sólo en la Revolución de Octubre, sino también en el nacionalismo ruso y en una glorificación del poder estatal que enfatizaba los valores de jerarquía y patriotismo y el culto a la personalidad. 
El régimen estalinista, a pesar del terror desatado, obtuvo su máxima legitimidad con la victoria en la Segunda Guerra Mundial contra la Alemania nazi, lo que le permitiría afrontar después la Guerra Fría contra el Occidente capitalista y sus aliados en todo el mundo. 
La historia de la Unión Soviética ha estado marcada por un dualismo, por una combinación de lo oficial con lo no oficial. En este sentido, el término «totalitarismo» se entiende aquí en un sentido muy preciso. Las características de la parte no oficial, no planificada e ilícita de la Unión Soviética no representan un lapso, error o aberración de la esencia de la sociedad y del Estado totalitarios, sino que son un elemento integral. La definición convencional del totalitarismo suele enfocarse exclusivamente en los efectos de la implacable imposición de las órdenes del Kremlin. Sin embargo, el totalitarismo estalinista gozó de apoyo y aceptación por parte de los ciudadanos soviéticos. Los bolcheviques que acusaban a Stalin de «traicionar la Revolución» con su «segunda Revolución» se equivocaban. Stalin no sólo no traicionó la Revolución sino que lanzó a la URSS a la utopía revolucionaria más extrema, la del «triunfo de la voluntad» (paradójicamente, esta fórmula era de Pedro el Grande). La industrialización a marchas forzadas, la colectivización, la deskulakización, las purgas y el Gran Terror fueron los principales elementos de esta «segunda Revolución» de Stalin.

LOS CAMPOS DE TRABAJO 
El NKVD se ocupaba también de la organización del Gulag, que en algunos sectores de economía era de importancia vital. En 1941, las unidades del NKVD eran responsables de un cuarto de los proyectos de construcción (incluidas minas, ferrocarril, caminos y algunas fábricas). En los lugares inhóspitos como Siberia, el NKVD era responsable de la extracción de oro y diamantes, así como de níquel. La mayoría de los campos estaba situada en la Siberia occidental, aunque el de Kolimá, el equivalente de Auschwitz, estaba ubicado en el lejano oriente de la frontera soviética, cerca de Vladivostok, al borde del Pacífico. En 1940 existían 53 «campos de trabajo forzado» y 475 campos «menos duros», las «colonias de trabajo forzado», y más de cincuenta colonias para menores. Es difícil averiguar con exactitud el número de víctimas del Gulag, porque las estadísticas oficiales soviéticas son poco fiables. Los archivos abiertos en 1985, demuestran que en 1941 los campos tenían 3.350.000 internados, de los que un tercio estaba en los campos y el resto en colonias. En 1953, cuando murió Stalin, el número oficial de las víctimas del Gulag era de 5.500.000. Según el informe del KGB (Comité para la Seguridad del Estado) publicado en 1990 fueron ejecutados por «ofensas contrarrevolucionarias» el 12,6 % de los arrestados en 1936; el 86,7 % en 1937 y 1938, y el 33,1 % en 1940. Las estadísticas no desvelan el número de prisioneros en el que se basa el porcentaje, así como por qué tantos individuos fueron ejecutados entre 1937 y 1938, con la llegada al poder de Beria como jefe del NKVD. En 1938, el Gran Terror de Stalin se detuvo, y el dictador acusó a Nikolái Yezhov y a sus subordinados de excederse en sus competencias. Los arrestos disminuyeron, pero no cesaron del todo hasta la muerte de Stalin en 1953. El propio NKVD perdió 20.000 operativos. El Gulag como rama del NKVD, que dirigió el sistema penal de los campos de trabajo forzado, fue disuelto el 13 de enero de 1960.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas Don Miguel, ¿Le ha gustado el libro?, lo tengo en la lista de pendientes ¿Qué otros le han gustado este año?
Siempre se agradecen sus recomendaciones de lectura.

Un cordial saludo,
Enrique Zurita

miguel navascues dijo...

DEsde luego que sí me ha gustado. Mucho. Quizás no le diga nada nuevo, pero es una síntesis perfecta.

miguel navascues dijo...

Ya la portada no me diga que no es una maravilla!