martes, 13 de noviembre de 2012

Precios relativos? Keynes y los clásicos

La ley de Say dice que en una economía normal, nunca habrá excesos de oferta y demanda. Si en el mercado de café, por ejemplo, se produce un excedente no vendido de café, es porque en otro mercado, por ejemplo el de tornillos, ha habido un exceso de demanda que no ha podido satisfacerse. Los precios de los tornillos subirán y el del café bajará, y los dos excesos de ambos mercados tenderán a desaparecer.

Todo lo que se produce se vende, o "toda oferta crea au propia demanda". Al producir pan, el panadero paga un salario a sus empleados y gana un beneficio, que se gastarán en otras necesidades que ellos no producen pero que desean. No hay nunca exceso de oferta ni de demanda.

Supongamos que en un momento determinado, por un pánico sobrevenido, los que iban a comprar el PIB nacional (por producir el cual han sido pagados) no van a los mercados. El ama de casa no sale a la compra, el que se iba a comprar un coche anula o aplaza el pedido, etc. Si todos los que tienen un dinero (igual al PIB producido) se niegan súbitamente a ir al mercado a gastarlo, entonces se puede pensar que hay una caída de la demanda global.

No, dicen los clásicos, porque eso traería como consecuencia una caída de los precios, hasta que se agotara la oferta y los mercados quedaran vacíos. Además, lo que no se consume se ahorra. Si la gente dejara de consumir una parte de la producción, automáticamente ahorraría lo no gastado (ahorrar es exactamente no gastar) y eso aumentaria la oferta de ahorro: ergo, bajaría el tipo de interés, y aumentaria otro tipo de gasto: el gasto en bienes de capital, que también son PIB.

Es decir, los cambios en los precios (y salarios) de los bienes corrientes y de capital (interés) aseguran que pronto (tras un periodo, no sé cuán breve) nos devuelven a la situación anterior de equilibrio en los mercados de bienes y activos.

Obsérvese que no hemos dicho de qué precios se tratan. Son precios relativos entre bienes los que restablecen el equilibrio. Son precios de cambio entre café y tornillos y piezas de activos. No necesitamos dinero, en puridad, para medir los predios relarivos. Podemos usar como numerario cualquier bien, por ejemplo, los tornillos o los salarios. Cualquier alteración del equilibrio de partida trae como consecuencia un cambio entre los precios salarios y tipos de interés que nos llevaran a un nuevo equilibrio, con distintas cantidades y calidades de productos consumidos. Si el PIB aumenta con el tiempo, y se produce cada vez más en menos tiempo, gracias a la innovación tecnológica, el bienestar aumentará, el tiempo de trabajo se reducirá, etc.

En esto surgen algunas dudas: primero, las fricciones. ¿A qué velocidad cambian los precios, a la suficiente para reconducir las cosas al equilibrio? Es decir, si unos precios (salarios) no son tan rápidos como otros (activos), ¿no habrá movimientos erróneos y acumulativos que acentúen las dudas Y provoquen movimientos que alejan del equilibrio de base a otro peor? Esto es muy importante, y es la base de la escuela neo keynesiana para decir que la resistencia asimétrica entre mercados para mover sus precios hace difícil volver a un equilibrio satisfactorio. Hay varias razones para que los agentes sean reacios a cambiar sus precios, como el coste que supondría en perdida de clientes (costes de menú), la incertidumbre sobre lo que hará la competencia, el deseo de no perder a un plantilla que esta bien adoptada a la empresa, no saber exactamente cuanto puede durar el movimiento bajista...

Otra duda: para que ese "gentil" modelo funcione hay que asumir que el ahorro se convierte en inversión sin demasiada dificultad. Pero esto no es cierto. Una caída e la demanda de bienes es un ahorro adicional, pero no se convierte automáticamente en una inversión añadida. Esto lo hemos visto y padecido en estos años de crisis: el ahorro ha aumentado mucho en todos los paises, pero la inversión ha caído estrepitosamente. Por eso no hemos vuelto a un nivel de empleo pre crisis. Esta ea una de las aportaciones de Keynes, para mí la mas importante, que el ahorro de todos, incluidos los inversores, y el gobierno, no se traduce en inversión: por lo tanto, el PIB cae irremisiblemente.

El ejemplo más cercano lo tenemos aqui en España. El ahorro de las familias y Empresas ha aumentado considerablemente, y a ellos e ha añadido el obligado ahorro del gobierno por la UE. Eso ha deprimido el PIB y ha aumentado el paro. Es más, desde fuera los prestamos a los españoles se han hundido, es decir, que el capital exterior no ha venido a invertir. Por el contrario, el ahorro nuestro se ha ido cada vez más deprisa fuera, tanto el particular como el de empresas au se han llevado negocio fuera de España.

Por lo tanto, la relación ahorro inversión no es tan inmediata como decían los clásicos. Keynes decía que, en realidad, la relación no era a través del precio (tipo de interés), si no a través el nivel de renta. El ahorro sí puede moverse por el tipo de interés, pero la inversión es una cuestión más compleja que depende de factores como las ventas esperadas, los benedicios, el periodo de amortización de la inversion, el futuro de los tipos de interés.. y las expectativas sobre muchas variable que condicionan la decisión de invertir. En suma, una caída de las ventas persistente y general incita, antes de cambiar los precios, reducir la oferta, la plantilla, mantener los márgenes, en definitiva, ahorrar, pese a que el tipo de interés baje a cero.

Las dos "Dudas" expuestas no son independientes, como es fácil ver. En todo caso, cuando suponemos que los precios no son igual de rápidos en ajustarse, y si añadimos que en el intervalo, las cantidades son más importantes que los precios en la determinación del gasto, el gentil modelo de equilibrio no funciona.

Precios y cantidades. O mejor dicho, precios versus cantidades. Unos hacen hincapié en los primeros, otros en que las cosas no son tan bonitas ni perfectas. En todo caso, con los precios no puedes explicar las crisis graves, como la del 29 y la de hoy. Tendríamos que meter otro elemento que acentúa el ajuste vía cantidades y no vía precios. Ese elemento es la deuda acumulada por los agentes, la cual acentúa aun mas la necesidad ve vender bienes y activos para eludir el impago.

Sí, los precios son importantes, pero otras cosas también. Los precios relativos están idealizados por los economistas de la línea clásica y austérica, en mi opinión. Creo que para situaciones como la presente, fiar todo a los precios relativos es ocultar las cosas de verdad importantes. Obsérvese que por muy fina que sea la reforma el mercado de trabajo, en las circunstancias actuales va a servir de poco. Mientras un trabajador o un empresario no puedan ver un horizonte razonable de salario o ventas, y solo vea la alta probabilidad de perder el empleo y no encontrar otro, o de cerrar la empresa, es difícil que tome decisiones productivas a largo plazo.

Es muy fácil insistir una y otra vez en los precios relativos, pero lo que es difícil es encontrarlos en las circunstancias presentes sirviendo de algo. Vendrán tiempos en que sí, serán la vía principal. Pero eso debemos conquistarlo por otros medios.