domingo, 23 de diciembre de 2012

Numerario e incertidumbre

Una economía se puede componer de dos personas. Cada una produce un bien distinto, que ambos consumen. Una vez a la semana van al mercado, donde intercambian lo que produce uno por lo que produce el otro. Hay un precio al que ambos se ponen de acuerdo. Ese precio se llama el pecio de equilibrio si es el precio que "vacía el mercado" (qunuw no es el que deja plenamente satisfechos a los actores).

Si A produce pan y el otro B salchichas, van al mercado con las salchichas y el pan, y con sus planes de consumo para la semana. Para que haya satisfacción plena, A debe comprar las salchichas y que desea para hacer 7 perritos, uno al día. B ha de comprar 14 barras de pan, para hacerse 14 perritos, porque es un tragón.

Si pueden hablar entre ellos, podrían comunicarse sus deseos, y así reducir los costes de transacción.

A: yo te voy a pedir 7 salchichas. B: pues yo te voy a pedir 14 barras. Bueno, dice A, yo por 14 panes quiero 10 salchichas, no 7, eh? Dice B: bueno, yo por 10 salchichas quiero 12 barras.

Para A el precio satisfactorio es (expresado en salchichas por panes) es 10/14.

Para B el precio satisfactorio es (expresado en salchichas por panes) es 10/12.

Hay una distancia salvable, pues B no tiene más que aceptar el recio de A, que le favorece. Obtiene por 10 salchichas 14 panes, que es el precio de A. Ese será el precio apto para A y B. No ha hecho falta la presencia del dinero: ni como unidad de cuenta, ni como medio de cambio. A se va a casa con 14 barras menos y 10 salch más. B con 10 salch menos y 14 barras más.

Incluso se puede pensar en fallos en la oferta y la demanda, salvados con un sistema de préstamo, sin necesidad de dinero. Basta abrir una cuenta pendiente en uno de los dos productos, al precio que fijen los participantes. "Me debes 3 panes al precio de 10/14 de hoy". Y A sabe que a la semana que viene, o al vencimiento que se pacte, debe ir al mercado con 14 panes de siempre, más otros 3, para saldar su deuda.

¿Por qué no hace falta el dinero? Si se ponen uds en el lugar de los participantes, se datan cuenta que:

A) No hay incertidumbre: la información de cada uno sobre el otro es completa y veraz. No quiere decir que no haya riesgo, de fallo, en algún momento, pero no hay falta total de información fiable.

B) hay uno de los bienes que sirve de numerario: pueden expresar los precios en unidades de ese bien. Incluso es divisible en fracciones. En el ejemplo, se puede pensar en un precio 1 salch/1,4 panes. Se puede tomar de referencia unitaria la salch, que es el numerario, y entonces el precio o cotiación del dia sería: 1/4 panes, sobrentendido que es la cantidad de panes por una salchicha.

Este es el modelo básico de la economía del equilibrio. Hay unas preferencias individuales (curvas de untilidad) unas líneas y capacidades de producción (fronteras de producción). Hay una convergencia espontánea al equilibrio a cualquier alteración de él. Hay ahorro/prestamo de A a B o viceversa sin dinero.

Ahora podemos ampliar la dimensión del "juguete". Hay muchos participantes, cada uno productor de un bien o servicio, o varios, una serie de mercados especializados, e incluso hay bienes de inversión (durables en varios periodos) y prestamos intertemporales. Hay información a bajo coste de como se desarrollan los mercados el día de mercado. Cada agente sabe los precios que le interesan, por ejemplo, introduciendo la figura de un subastador que anuncia si hay cambios en algún mercado.

Podemos obtener el mismo resultado de equilibrio si no hay incertidumbre y uno de los bienes puede hacer de numerario. Hay m participantes, n bienes, uno de ellos numerario. Por lo tanto hay n-1 precios, pues el del numerario es 1. Los precios se expresan por unidad de numerario: 3 patatas, 2 coles, 100 gramos lentejas, etc, todo ello por una salch. Por lo tanto, ese día 3patatas = 2coles= 100 gramos de lentejas. Uno puede prescindir del bien N*: puede intercambiar, sabiendo los precios, coles por patatas, directamente. Por lo tanto, el papel del bien numerario N* es como unidad de cuenta, y sólo secundariamente como medio de cambio. Por ejemplo, si hay restos en un intercambio que quedan sueltos, pueden salvarse en N*. Aunque hemos visto que un pequeño préstamo hasta el siguiente día de mercado fijado también puede evitarnos el empleo de N*.

Estamos cerca del equilibrio general de Walras (en una versión muy sencilla). Cualquier exceso de oferta en un mercado se traduce en una caída del precio de ese bien hasta que se salde el exceso. Como cada participante tiene una renta R definida por los ingresos de sus ventas, que puede expresarse en una unidad común (cantidades de N*) el numerario, al bajar uno de los precios, ha aumentado el poder adquisitivo de su Renta inicial*(por el cociente de depreciación del precio del bien). Es lo que pasa con el cambio en los precios relativos. Los productores de bienes que no se mueven de precio tienen un aumento de renta. Ese aumento compra el exceso de oferta originado en algún bien. Los cambios en los precios relativos permiten vaciar los mercados.

Seguimos sin dinero que no sea el N*, y todo funciona. Incluimos el ahorro y la inversión como bienes participantes compitiendo con los demás. Lo único es que sus precios son distintos: son los tipos de interés que igualan el ahorro y la inversión hasta "vaciar" el mercado. Un aumento de la renta de todos por una caída general de precios puede ir a más ahorro, lo que baja el tipo de interés, y eso anima la inversión frente al consumo. Ese tipo de interés es el de equilibrio. Seguimos sin necesitar el dinero... Mientras siga el supuesto de información cierta y veraz. Mientras se sepa y se confíe en lo que viene después, en una semana, o x semanas, sabemos que un evento inesperado será solventado con un préstamo temporal expresado en numerario, si es que hay un acuerdo para ello.

¿Qué pasa con la producción de N*. El numerario? Cómo estar seguros que siempre habrá suficiente o que no habrá de sobra? Por los movimientos de precios. N* es un bien más, producido privadamente. Si en una semana escasea, subirá su precio: bajarán los precios de los demás bienes. Si es demasiado abundante, su precio bajará: subirán los precios de los demás bienes. La oferta y demanda del numerario se regula igual que la de los demás bienes. Nunca hay exceso de oferta o demanda, la flexibilidad de precios lo garantiza. Si aumenta su oferta, su precio caerá frente a los demás bienes: su poder adquisitivo caerá. Y viceversa.

Entonces para qué sirve el dinero? Quiero decir, si, aparentemente, con el dinero privado, se puede funcionar en equilibrio, ¿para qué inventarlo? Respuesta: porque no siempre la información veraz y la confianza corren libremente, o se obtienen a bajo coste.

A veces, los mercados no funcionan tan bien como en el idílico panorama dibujado antes. En ese idílico panorama, "cada uno va a lo suyo", sin temor de imprevistos más allá de la información que circula. Cada uno tiene su plan de compras y sus planes e venta, y si hay desajustes, sabe que los precios se van a mover para reconducirlos. Los movimientos de precios suben la renta de unos, y eso puede animar a gastar, o a ahorrar o invertir en función del tipo de interés. Es es fácil suponer un imprevisto que hace dudar de la información compartida. No es que haya cambiado la información, sino la percepción. Además, no por un participante, sino por todos. Y eso les incita a buscar refugio en el bien más líquido, N*. Repentinamente, la demanda de cada mercado se desvía hacia el mercado de N*, cuyo precio sube, o baja el de los demás, lo que se llama deflación. En esta tesitura, lo probable es que la demanda de N* se agigante, pues la confianza en el mecanismo corrector de los precios se ha disipado, la deflación origina más deflación, pues la demanda de N* se hace infinita. Dado que su oferta está limitada por la función de producción de N* y sus costes, no hay visos de una amortiguación del proceso, lo que alimenta aún más la incertidumbre.

La necesidad del dinero como un bien de una oferta ilimitada, fuera de consideraciones comerciales, surge cuando todo el mundo busca lo mismo y se mueve en la misma dirección. Y esa misma dirección sólo puede ser hacia la compra ilimitada de numerario o la venta ilimitada e él. Cuando unánimemente la gente busca comprar un bien y vender los demás, se produce una crisis.

Una crisis financiara es eso. Una demanda irreprimible de liquidez que está en manos de quien produce esa liquidez. Si la liquidez es el oro, se demandará oro muy por encima del que hay almacenado y del que se puede producir a corto plazo. Si hay un Banco central, se demandará sin tasa los billetes oficiales de ese banco central. Si, como sucedió en 2007, lo que falló fue la confianza en el mercado al por mayor, la gente lo que demandaba era sus préstamos a los bancos, repos, o con garantía.

Crisis financieras ha habido (como vimos aqui) con el dinero moneda de pleno contenido, con el sistema de billetes de bancos privados, con el sistema de banco central con patrón oro, y con el sistema actual de billete fiduciario. Si en un momento determinado la gente masivamente desea almacenar el primer peldaño del sistema monetario, el dinero fiduciario se convertirá en la pieza más codiciada. Como esa pieza se puede conseguir sólo vendiendo otros bienes, se producirá una gran caída de los demás precios: una deflación. Esa huida de los demás activos al dinero líquido destruye la producción y el empleo de manera acelerada mientras no se ponga en los mercados ese bien que todo el mundo está almacenando.

Hasta ahora no hemos hablado de complejidades como la banca, que es el gran especialista en hacer circular y crear el dinero. Lo hemos hecho así porque queríamos subrayar que, aún sin banca, una crisis de confianza es posible. Una crisis de confianza sin banca llevaría a que todos se lanzaran a poseer N*, lo que haría desplomare todos los demás precios si la oferta de N* es limitada a corto plazo. Con banca, todas la crisis son básicamente bancarias.

Una escuela dice que que los movimientos de precios, la deflación, aumenta el poder adquisitivo de N*, lo que aumenta la demanda de los demás bienes, hasta que se vuelve a restablecer el precio de equilibrio entre N* y los demás bienes.

Otra escuela dice, por el contrario, que estos movimientos pueden generar un cambio de expectativas general, una pérdida de confianza ante la incertidumbre que suscita la caída de precios, lo que desencadena movimientos acumulativos con efectos multiplicadores. En el primer caso estamos en la economía clásica; en el segundo, en la economía Keynesiana.

Ninguna se las dos esta totalmente equivocada, como dice Leijonhufvud: hay un corredor entre dos límites en el que los eventos se autocorrigen por el mercado; pero fuera de ese corredor, se producen movimientos acumulativos con efectos multiplicadores que alejan cada vez más el punto de equilibrio.