"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

lunes, 4 de junio de 2018

Por qué este gobierno me afila el pesimismo

Se habla de la moción de censura y del nuevo gobierno como si fuéramos Dinamarca o Suecia, donde hay un gobierno de los socialistas con los verdes. Es más, seriamos partícipes de una larga lista de países europeos donde no gobierna una mayoría absoluta, sino unas coaliciones incongruentes y graciosas. 
Desgraciadamente, España no es así. Aquí, como dice muy bien Cayetana Álvarez de Toledo, lo que hemos logrado es un gobierno anti España. Oigamos su voz antes de continuar, 

España ha tenido gobiernos mejores y peores, débiles y audaces, liberales y autoritarios. Lo que no había tenido nunca, hasta hoy, es un Gobierno netamente antiespañol. El odio a España ha echado a un presidente y ha investido a otro. Y lo ha hecho sin manierismos hipócritas. Cara al sol. El padrino de Pedro Sánchez no es Jordi Pujol, un racista en la intimidad, sino Torra, explícito y bestial. No es Ibarretxe, con su marciano raca-raca, sino el consorcio PNV-Bildu, ahora económica y hasta moralmente rearmado por el propio Estado al que pretende disgregar. Y tampoco es el viejo comunismo, amansado por el tiempo y la Transición, sino un populismo embravecido, disolvente y degenerado. Especialmente ilustrativo para cualquier español, y sobre todo para las víctimas del terrorismo, fue escuchar a la misma señorita de Bildu que pidió «un chaparrón de aplausos» para los terroristas de la T4 invocar la «higiene democrática» para ungir a Sánchez, por cierto, colega del mutilado Madina y el asesinado Lluch. El nuevo Gobierno es peor que el Frente Popular contra el que tantas veces predicó Jaime Mayor Oreja en el desierto de Génova. Y su presidente hará bueno a Zapatero. También a Mariano Rajoy.

Terribles palabras, pero que creo no muy alejadas de la verdad. Hemos vuelto al Frente Popular de la República, que era la Máxima representación del odio a España, y que luego acabó como acabó. Creo que hablar como hablan los adocenados y doblegados medios - es algo que me tiene harto - de que hay que aprender a gobernarse sin bipartidismo, como si esa capacidad cayera del cielo... en fin, para que seguir. 
Y luego está la esperanza del futuro incorporada en la oposición, bueno, una oposición, la de Albert Rivera. A mí me ha defraudado, y a Cayetana también:

Y aquí aparece Albert Rivera. Se vio en la entrevista que le hizo Emilia Landaluce y en el debate de la moción de censura, que en realidad lo ha sido de cesura. Rivera es escurridizo y oportunista. No tiene claro lo que quiere hacer con la Constitución ni con los impuestos ni con los huesos de Franco ni con el español en Cataluña. Y su patriotismo arrastra la tara de haber aprobado los Presupuestos pro-PNV que resucitaron la legislatura antes de entregársela a Sánchez. Y, sin embargo, no es un populista mainstream, como dice el coqueto Alain Minc. Es mainstream sin más: fácil y consensual como Stefan Zweig. El mínimo común denominador de España y de momento su única esperanza.

Albert Rivera tiene una responsabilidad, y perdonen el adjetivo, histórica. Ya no se trata de ofrecer amparo sólo a los constitucionalistas en Cataluña, el País Vasco y Navarra. [Por cierto, ayer se publicó la sentencia de Alsasua: María José, yo sí te creo, hermana.] Ahora hay huérfanos por todo el territorio nacional. El bipartidismo se ha acabado, sí. Pero la polarización va a dispararse. Y a partir de ahora el juego —el enfrentamiento— ya no será entre dos grandes corrientes ideológicas, sino existenciales. Entre España y la anti-España. Con el agravante de que la segunda es Gobierno y la primera, Oposición. Y así, digerida la noticia, superado el shock de ver a Rajoy hacer sus cajas y Sánchez tomar posesión, habrá que ponerse en marcha. A lo Celaya. En la Oposición, ya no puede haber distingos entre liberales, conservadores y socialdemócratas; entre Ciudadanos, el viejo Partido Socialista y si acaso un nuevo Partido Popular. Hay que buscar un denominador común, aunque sea mínimo, y la máxima movilización: llamémonos españoles y salgamos a la calle.

No hay oposición a la medida del reto. Hay una posición de tablero de ajedrez, o mejor de parchís, que es a lo que llegamos nosotros, españolitos. 

“Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios, una de las dos Españas ha de romperte el corazón” (cito de memoria)

Ojalá me equivoque. Ojalá nos equivoquemos. Pero la verdad es que Otegui y Torra siguen avanzando en sus objetivos, y avanzan y avanzan aquellos, y el PNV, y los separatistas catalanes con las siglas que sean. 
Cierren los ojos si quieren. Desgraciadamente yo no puedo, no puedo olvidar la verdad de la República, no puedo olvidar nuestra tendencia al auto odio, como explicó el hispanista Elliot en el Escorial (cuenta Cayetana), una constante en nuestra historia.
No son buenos augures. Ojalá esté equivocado mil veces. 

4 comentarios:

interbar dijo...

Escuchando ciertos medios y comentarios parece que el culpable de la moción de censura es Ribera pero no, los culpables son Rajoy que no ha querido asumir las responsabilidades políicas de tener 3 tesoreros imputados y sobre todo Sánchez que ha pactado en secreto con la anti España. Ribera ha sostenido a rajoy por sentido de Estado pero...

Pablo Bastida dijo...

Bastante le importa el sentido de Estado a la mayoría de los españoles. Reacciones que he observado en mi entorno a la moción de censura: absoluta indiferencia.

miguel navascues dijo...

Aí, les pillarán jugando al tresillo y comentando la última jugada del RM

Betty C stanfill dijo...

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