"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

domingo, 9 de diciembre de 2018

La falsa tesis de los recursos naturales limitados

Estamos viviendo un tiempo de gran auge de las teorías de los límites al crecimiento, empezando por la tesis del calentamiento por la accion humana. Estas teorías se podrían expresar en un gráfico en el que en el eje vertical se mide el crecimiento económico, y el horizontal los recursos naturales limitados. Fatalmente, como predijo Jevons, el economista inglés del XIX, el crecimiento se va parando y al final cae, porque los recursos son lo que son: no hay más que una cantidad fija. Jevons respecto a la alimentación, predijo que al crecer la población habían que explotar cada vez más tierras de menos rendimiento, hasta que se alcanzara un límite en el que la hambruna eliminaría y limitaría la población. Ésta sólo podría alcanzar una cantidad determinada por la cantidad de tierra disponible. 
Para no llegar a eso, él recomendaba la autolimitacion de la población, sobre la base de la abstinencia de sexo, el retraso en la edad de los matrimonios, etc.
Obviamente esta tesis fracasó estrepitosamente. Desde entonces la población se ha multiplicado por un factor increíble, lo que es una refutación contundente de esa tesis. Es más, El hambre en el mundo está reduciendo su extensión geográfica, gracias a la innovación tecnológica incesante en nuevos cultivos, de manera que se puede decir que se podría acabar con El hambre en el mundo si no hubiera tantos gobiernos corruptos en el mundo, empezando por África. 
La tesis de que los recursos naturales son limitados es falsamente intuitiva. Es tentador dejarse llevar por la imagen de que la naturaleza es limitada. Pero es que el gráfico descrito antes es falso, de “equilibrio parcial”, pues si le añadimos un tercer eje, en el que representamos el avance tecnológico, resulta que la dotación de “naturaleza deja de ser fija y se hace casi infinitamente elástica. Al menos, así ha sido hasta ahora. Puede haber momentos de aparente frenazo en ese avance cualitativo de la tecnología, pero hasta ahora las más lúgubres predicciones no se han cumplido. A finales de los sesenta emergió el Club de Roma, conjunto de “sabios” que predijeron que íbamos hacia el crecimiento cero, si no queríamos acabar con el planeta en unas décadas, y aquí estamos. Los recursos naturales no sólo no se han acabado, sino que ha aumentado su disponibilidad, desde el petróleo a los alimentos transgénicos, que sólo los fanáticos quieren perseguir por problemas teocráticos de falsas creencias. Los transgénicos podrían acabar con El hambre en el mundo si Greenpeace, esos dogmáticos, no prohibieran su implantación en las zonas todavía hambrientas. 
No es la distribución de alimentos, sino su libre producción, lo que puede acabar con el problema. 
Como dice Rayan Bourne

“Eso es exactamente lo que mis colegas de Cato, Marian L Tupy, y Gale L Pooley, de la Universidad Brigham Young, encuentran en un fascinante artículo nuevo. Los hechos hablan por sí mismos. Al observar una cesta de 50 productos básicos globales entre 1980 y 2017, los precios reales disminuyeron en un promedio de 36 por ciento. Eso sucedió a pesar de que la población mundial aumentó en un 69% en el mismo período.

“Una forma más precisa de evaluar el "costo" para los seres humanos de estos productos básicos es calcular su "precio de tiempo", la cantidad de tiempo que un ser humano promedio debe trabajar para ganar lo suficiente para comprarlos. En esa métrica, el costo de estos productos bajó mucho más: un enorme 65%. Si se necesitaron 60 minutos de trabajo para comprar esta canasta en 1980, solo se necesitaron 21 minutos de trabajo para pagarlos en 2017. Una continuación de esa tendencia haría que los precios de estos recursos naturales se redujeran a la mitad cada 26 años.

“Esto refuta completamente la narrativa anti Humanista y muestra que Julian Simon tenía razón. El crecimiento de la población, lejos de agotar los recursos, parece hacerlos más abundantes. De hecho, nuestra situación actual indica una "super abundancia": los precios (en términos de tiempo de trabajo) están cayendo proporcionalmente más rápido que el aumento de la población.

“¿Qué sentido tiene esto, físicamente, en un planeta de recursos teóricamente fijos? Tupy y Pooley usan una bella analogía. Afirman: “El mundo es un sistema cerrado, en la forma en que un piano es un sistema cerrado. El instrumento solo tiene 88 notas, pero esas notas se pueden tocar en una variedad de formas casi infinita. Lo mismo se aplica a nuestro planeta. Los átomos de la Tierra pueden ser fijos, pero las posibles combinaciones de esos átomos son infinitas. Lo que importa, entonces, no son los límites físicos de nuestro planeta, sino la libertad humana para experimentar y volver a imaginar el uso de los recursos que tenemos ”.
A principios de este año, por ejemplo, los científicos descubrieron un parche de 16 millones de toneladas de lodo de aguas profundas rico en "tierras raras" a casi 800 kilómetros de la costa de Japón. Ellos estiman que podría satisfacer la necesidad del planeta de esas tierras raras por entre 400 y 800 años. Los recursos naturales de la tierra no son completamente conocidos ni fijados en ningún sentido operativo.”

Nos encontramos ante la disyuntiva de dejarnos arrastrar por la intuición de la naturaleza limitada, u observar los hechos tal como los describe Julian Simon. La teoría del Calentamiento por culpa del CO2 emitido ha tenido mucho arrastre, pero también porque a sus detractores científicos no se les ha dejado hablar en el mismo plano de publicidad que a los propagadores. 
Yo sólo diré que si la teoría sigue imponiéndose, y se aplican los “remedios”, me temo que eso sí que acabaría con el crecimiento y aumentarían los problemas de la escasez y la hambruna. No quiero decir que no haya que poner remedio a la contaminación. Solo que la teoría del Calentamiento se parece sospechosamente a una religión peligrosa, muy arraigada entre el saco sin fondo de los juguetes de la izquierda. Como economista, lo que se intenta me parece peligroso, como científico, no me parece de rigor perseguir un solo objetivo por encima de todos. 
Hay, ciertamente, puntos de conflicto entre ciertos aspectos, inevitablemente. Por ejemplo, quien puede negar que según cierta estética, El Progreso es feo y ha acabado concierto bucolismo, que la verdad, es casi todo pura imaginación del pasado fomentado por las películas de Walt Disney & co. Las ciudades son feas, pero pensemos en cómo eran en una pasado no muy lejano, cuando no existía el automóvil, el medio de transporte era el caballo y las calles estaban llenas de bosta de cuadrúpedos, mal asfaltadas, y cuando llovía la mezcla del barro y de la caca de caballo te llegaba hasta los jarretes. No había calefacción, se quemaban bosques para conseguir calentar las casas, o carbón, lo que sí se hiciera ahora el CO2 estaría por las nubes, como entonces estaba. Eso en las casas que pudieran, porque muchas eran tan pobres y mal protegidas que las enferrmedades campaban a sus anchas. Y ya de paso, por no hablar del nivel sanitario general (del que estaban orgullosos, comparándolo con el pasado), de los índices de mortandad, de los niños que morían a corta edad, y de la corta esperanza de vida. 
Parece que algunos nos quieren llevar de nuevo a ese “paraíso”. (A ver qué dice Pepe de Mari fe, don Chucho de Colastani. Seguro que encuentra la tercera vía.)
Pero esos puntos de fricción siempre, siempre, existen en la actividad humana. Ya dijo Isaiha Berlin que hay problemas que no tienen solución, como creían los Ilustrados: la razón siempre descubría un camino de salida, todo era perfectible; así como es imposible que no haya conflictos entre objetivos diversos. Hay que elegir. Elegir un objetivo supone dejar otro en el camino, y eso ha sido la historia: un proceso en el que se van dejando atrás objetivos sin saber con certeza si hemos acertado, porque, además, casi siempre no elegimos, nos dejamos llevar. Luego, como decía Nietzsche, “sólo lo que perdura se va cargando poco a poco de razón”. 

4 comentarios:

interbar dijo...

Debajo de la religión neomaltusianista, hay un afán eugenésico inconfesable. Sólo hay que mirar la lista de importantes personajes que luchan denodadamente para reducir la población.

Antonio de Badajoz dijo...

Hola Miguel.

Entiendo tu punto de vista. Es evidente que el desarrollo tecnológico ha sido alucinante en los últimos decenios y sus efectos, en gran medida, impredecibles. Pero creo que es difícil ignorar los avisos más "catastrofistas" de mucha gente solvente. Precisamente esta mañana he leído este artículo:

https://www.elconfidencial.com/economia/2018-12-10/pico-del-petroleo-antonio-turiel-diesel-contaminacion_1694062/

¿Qué opinión le merece?

Mi humilde opinión: si bien es cierto que en el futuro muy probablemente habrá descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos que ni siquiera podemos imaginar en el presente y que pueden resolver muchos de los problemas que ahora nos parecen insolubles (como ya ha ocurrido en el pasado, y como tú apuntas correctamente), tampoco deberíamos despreciar las serias advertencias, razonadas, bien estudiadas, de los riesgos que suponen el crecimiento incontrolado de la población (sobre todo en zonas ya castigadas de por sí) y el agotamiento real de muchos recursos, en muchos casos por su sobreexplotación. Precisamente en España estamos viviendo en primera persona la crisis migratoria de un continente como África, donde millones de jóvenes no se resignan a vivir una vida miserable, viendo cada día, por internet, cómo se vive en el primer mundo.

Es un problema complejo, como todos los grandes problemas, por supuesto.

Un saludo Miguel.

Antonio de Badajoz.

miguel navascues dijo...

¿Mi opinión? Mi opinión ya la doy en el artículo. No hay certeza absoluta, pero el pasado nos dice que nunca han faltado soluciones innovadoras cuando un recurso se hacía escaso. Su precio subía, y eso incentivaba la innovación que lo sustituía.
Naturalmente, puedes decir
¡no hay garantías!
no las hay. Ya sé que no las hay. Pero también sé que las consecuencias de fiarlo todo a un solo dogma, y someter todos los recursos a ese dogma, traerá la tragedia, en forma de hambruna que acelerará la explotación de los recursos escasos. ¿Cuánto nos hemos gastado en molinillos que no producen la energía que sí consumen?
Africa es la prueba palpable que la solución es tecnológica, como lo ha sido para grandes zonas de Asia, donde el hambre se ha acabado. El problema a de Africa es político, como lo es Venezuela.
Por lo tanto, lo prudente me parece seguir el modelo del pasado, y no intervenir para distorsionarlo todo por una teoría que tiene muchos detractores, aunque no les dejan hablar los medios, porque los medios están comprados y maniatados. En verdad, hay que reconocer que no hay DEBATE, que sólo hay afirmaciones tajantes pero sin argumentaciones opuestas. Y desde luego las hay, pero reprimidas.
¿O has leído tú un artículo en contra como el que citas?
Un saludo, amigo

Antonio de Badajoz dijo...

Muy interesante tu punto de vista. Es cierto que hay corrientes de pensamiento que se ven elevadas al rango de leyes absolutas principalmente porque son las que más se publicitan, sin dejar hueco a otras alternativas. Te da qué pensar, la verdad... Como si hubiera una mano que decide qué ideas son respetables y cuáles deben ser totalmente descartadas sin merecer siquiera un análisis superficial.
Muchas gracias por tu respuesta. Te sigo leyendo. Saludos.

Antonio de Badajoz.