miércoles, 30 de enero de 2013

Fervor liquidacionista subvencionado

España esta desquiciada, desde la corona hasta el suelo. Todo se hunde o se cae. Todo se corrompe. Una voluntad maléfica lo tuerce todo. El Real Madrid tiene una garganta profunda, que resulta ser Sara Carbonero, la esposa de Casillas, el capitán. Mal asunto ese del periodismo no ya independiente, sino bajo síndrome de Estocolmo del objeto a ser investigado. Madrid se queda sin sedes olímpicas. Se cae e techo de la plazo a de las Ventas (no sabía yo que era un recinto deportivo). El estasio de la Peineta es reclamado por el Atleti. La Alcaldesa Botella y un tal Blanco se pelean por atraer a los focos. Me alegro enormemente que los juegos se vayan a la porra, porque serían ruinosos. García Revenga, secretario de las Infantas de la Casa Real, es inculpado en el caso Noos. Salen papeles incontestables que demuestran que sí participaba en decisiones y en las visitas con el Duque Palmado para recabar clientes. Un SAR consorte y un "asesor" de la Casa Real, nada menos, haciendo giras comerciales para conseguir dinero cuyo destino era... Suiza. La infanta Cristina, "on the verge of being prosecuted". Jolín.Mulas sigue mostrando sus portentosas capacidades. Como colaborador de FMI tiene unos cuantos "Working Papers" demostrando econométricamente que cuanto antes se supriman subvenciones, mejor. Mientras, él recibía subvenciones de todo tipo: por dirigir la fundación Ideas, por producir "cortos" con su exposa, por colaborar con Amy Martin... un monstruo. Leemos en el Mundo sobre los trabajos de investigación del pollo sobredimensionado:

¿Cómo debe España afrontar la crisis? Recortando el gasto público. Y sólo en el caso de que el déficit público se dispare hasta extremos difíciles de imaginar, deberá subir impuestos. No es el programa del PP antes de ganar las elecciones, sino la tesis del documento Restaurar la sostenibilidad de la deuda después de las crisis. Implicaciones para el 'mix' de política fiscal, coescrito por Carlos Mulas con dos economistas del FMI y colgado en la web de la institución en octubre de 2010. En el artículo, que se basa en un análisis econométrico de 99 países, se propone que los ajustes fiscales se lleven a cabo de la forma más rápida posible.

Y, ¿cómo deben hacerse desaparecer las subvenciones a las empresas? Igual: de forma rápida, con consenso y aprovechando las épocas de bonanza económica. Si se hace bajo la presión de un tercer país, la eliminación será más rápida y efectiva. Pero, en todo caso, las subvenciones son negativas porque «distorsionan el mecanismo de fijación de precios». Ésa es la tesis de otro documento coescrito por Mulas y titulado Reforma de los subsidios de los gobiernos en los nuevos estados miembros de la UE, que fue colgado en la web del Fondo en julio de 2008.

Ahí le tienen, abrazando tiernamente a Stiglitz (claro que este no debía saber las cosas que escribe)

Y ahora, Modestia aparte, pero, tachán tachán... He descubierto una relación estadística entre los partidarios del ajuste duro y la fuente de sus rentas. La relación, que vamos a llamar, hipótesis liquidacionista (por los que quieren liquidar todo lo que no sea suyo) es la siguiente:

El fervor liquidacionista es tanto más alto cuanto más rentas sucias (en sobres) reciben esta gente. Es que he conocido a algunos que tiene dos o tres complementos turbios (de los que encima presumen, pero sin dar pistas) a sus ingresos normales, y, sea porque no se creen muy afectados por los recortes, sea porque les dan sobres para que digan la chorrada liquidacionistas, el caso es que a mi me cuadra la hipótesis en mi pequeña muestra. Sólo hay que demostrarla con una población de datos mayor, pero todo llegará, cuando salgan la lista completa de los que reciben este tipo de sobres. De todas maneras es de una lógica aplastante. Piensen por ejemplo en el Gobern catalán, que palo les ha metido a sus súbditos mientras arramplaban con dinero a Suiza. Verán cuantos de esos liquidacionistas de TV que salen recitando la cantinela Merkeliana tienen un sobre y un capitalino en Suiza. ¿Qué no? Se admiten apuestas.