"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

lunes, 12 de junio de 2017

Literatura (continuación)

La literatura te da algo que no puedes encontrar en otro sitio. Italo Calvino 

Reemprendo las breves reflexiones que hice en el post anterior, gracias a una cita de Proust y al discurso de Antoine Compagnon, donde se encontraba incluida. 
Reflexiones sobre la literatura, su sentido. La literatura, ¿para qué? Es el título del discursos de Compagnon en su toma de posesión de la cátedra del College de France. 
La literatura se escribe y se publica para leer, por lo que la pregunta debería ser ¿leer, para qué? 
Yo he sido un lector poco habitual, porque no me encontrado a nadie que lea como yo. No digo que no lo haya, pero yo, desgraciadamente, no lo he encontrado. Así que no sé exactamente por qué leen los que leen tanto como yo. 
La respuesta está desde luego en la frase de entrada de Italo Calvino, porque si no fuera así, ¿para que leer? Bastaría ir a ver la película que han hecho sobre determinada obra literaria para hacerte una idea, en poco tiempo, de algo que tardarías días, semanas o meses en leer. Si se trata se ahorrar tiempo, no hay por qué seguir haciendo más reflexiones. Leer es una pérdida de tiempo. 
Pero se trata precisamente de eso: la literatura - y no la literatura informativa - te da algo que no puedes encontrar en otro sitio. 
Por lo tanto, estrictamente, la literatura no te roba el tiempo, pues no hay ninguna acción que la sustituya. Te da algo insustituible, aunque hay gente, la mayoría, que  no lo entiende. Conozco gente que hace gala de no leer, y aún de saber escribir correctamente sin necesidad de leer libros. Pero no se trata de eso, se trata de la capacidad de lectura, de apreciar la lectura en su justo término, es decir, en comparación con lo que te ha dado si no hubieras leído tal obra. 
He dicho antes "salvo la literatura instructiva", es decir esa que leemos por obligación profesional o de estudiante ante un examen. Con esto excluyo adrede toda literatura que da conocimiento más preciso de determinadas cosas, cuya utilidad está bien medida y tasada en su incorporación a nuestro acervo profesional. Aunque he leído determinados libros instructivos de economía que me han producido la misma emoción que la literatura, se ha debido a que el autor era una persona muy culta que sabía enlazar sus conocimientos con algo más, que es lo que llamó la literatura "inútil": a la que no le podemos sacar rentabilidad. 
Un ejemplo: la biografía de Keynes de Robert Skidelsky es una gran obra que, además de ilustrarte sobre toda una época histórica, y el papel esencial de Keynes en ella, es un libro tan desbordante que a veces se acerca a lo que quiero identificar como literatura. Pero no deja de ser una obra informativa. 
Un ejemplo en sentido opuesto: la trilogía novelada de Ken Follet sobre el siglo XX, empezando por la Primera Guerra Mundial, es de absoluta recomendación, pero lo es sobre todo por la visión completa informativa que te da sobre este periodo tan importante de nuestra historia - aunque como novela, o historia novelada, con personajes ficticios, no deja de conmoverte como toda obra literaria. 
Con esto quiero decir que los caminos se cruzan, que la literatura pura y la informativa a veces se solapan. Pero el contenido informativo le añade un valor que hace difícil separarlo en la estimación de la obra.  
La pregunta es: ¿por qué leer a Dostoyesky, a Proust, a Tolstoy, a Cervantes, a Unamuno, a Azorin, a Baroja, a Valle Inclán, a Gide, etc, etc...? 
Les voy a descubrir inmediatamente la respuesta más certera: porque en algún momento de tu infancia alguien (de tu familia, por ejemplo) te inculcó el veneno de leer, y desde el primer libro no has podido dejar de hacerlo. Lo digo porque este es mi caso, aparte del ejemplo de mi madre que siempre tenía un libro en las manos. No sé si hay una predisposición previa o es un entrenamiento, pero eso son los hechos. 
Sí, pero no responde del todo a la pregunta. Podría dejarse la afición tempranamente, no engancharse a ella. Se diría que los que empiezan así - y todos suelen empezar así - encuentran inmediatamente la respuesta de Calvino: has encontrado una cosa que no te da ninguna otra actividad. Y sigues probando, y en cada libro, no en todos, lo encuentras, y si no, persistes en el siguiente a ver si hay más suerte. Has encontrado el secreto, un secreto que te ha enganchado para toda la vida. Renuncias a otras cosas para poder seguir leyendo el libro que tienes en las manos. 
Tomemos por ejemplo "Crimen y Castigo" de Dostoyesky. Un libro perfectamente prescindible desde el punto de vista informativo. ¿Pero quien te ha hecho sentir mejor el sentimiento de culpabilidad, de terror a que el policía (ojo con este personaje, uno de los más complejos de la literatura) sabe que has sido tú, quien ha llegado tan lejos a indagar en tu alma lo que siente el asesino? 
¿Quién ha expresado mejor lo que es una guerra para los distintos personajes - trasuntos de nosotros, por lo tanto - que Tolstoy en "Guerra y Paz"? 
Los ejemplos son afortunadamente, incontables. ¿Quién ha expresado como nadie el sentimiento de fracaso personal y social que Vargas Llosa en "Conversaciones en la Catedral"? Ese sentimiento medio depresivo, medio repulsivo de una sociedad corrompida moralmente que te arrastra hacia el fango, por el que tú (el protagonista) te ves arrastrado? 
¿Qué decir de ese comienzo fascinante y succionante de "El Extranjero", de Camus, aunque no sabes por qué se ha abierto una nueva puerta que no conocías en ti? 
Todo eso, cuando no te has dado cuenta, ha hecho en tu interior un rosario de nuevas habitaciones y locales que recordarás en el momento menos esperado. Es más, como dice Calvino, en la vida difícilmente te encontrarás con una intensidad similar: la literatura no es camino de aprendizaje, es otra vida paralela que te ayuda a recorrer la otra, la verdadera, pero no te enseña a vivirla. Sólo la experiencia lo hace. 
Lo que no sé es si es cosa del cielo o del infierno, y ni me importa. Yo he leído la Biblia con verdadero placer de lector, pero no creo que me llevara a la salvación: no he tenido ninguna Epifanía.
(Continuará.)

2 comentarios:

Enrique Zurita dijo...

Vivimos en tiempos donde domina el utilitarismo y todo lo que no lleve a resultados tangibles y materiales,es ignorado.
Es un mezcla de materialismo y adaptadión a un medio duro. No obstante, soy positivo y creo que está volviéndose a leer más.
Aunque sea por utilitarismo no pueden estar más de moda los autores clásicos (especialmente los estoicos). Creo que muchos bloggers y vloggers están dando un gran valor a la lectura como fuente de sabiduría para afrontar las vicisitudes de la vida.

miguel navascues dijo...

Esa literatura es la que catalogo yo como utilitarista. Sin embargo, no la desprecio, porque Seneca por ejemplo es un gran escritor. Pero no es Dostoyevsky. Las "Cartas a Lucrecio" no son "Crimen y Castigo". Es otro concepto, sin querer poner uno por encima del otro.
No me imagino a Séneca escribiendo ese tipo de cosas. Cuando me refiero a literatura es a eso. ¿Qué aporta Proust a la utilidad? Nada. Es necesario leerlo? NO. Quizás Seneca te aporte más.
En fin, que me circunscribo a todo lo que no es útil.
Séneca versus Camus: uno produce placer, el otro pasión, atracción fatal, algo inexplicable.
"Elogio de la locura" de Erasmus me divirtió mucho leerlo y me enseñó cosas inolvidables sobra la naturaleza humana. Es más, hay que leerlo. Pero no me refiero a eso.