"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

martes, 21 de enero de 2020

La pinza

He leído que el PP teme “la Pinza” que le estarían haciendo VOX y el Gobierno.
Pero no hay tal pinza. No hay ningún acuerdo entre los partidos que componen el gobierno y Vox. Todo lo contrario, lo que hay es una oposición Frontal y sin descanso de Vox a las políticas neocomunistas-gramscianas del PSOE-Podemos, sin importarles un ardite lo que haga el PP.
Pero, ¿es que el PP está haciendo algo contra el riesgo cierto de que en una legislatura acaben con la Constitución y posiblemente la Monarquía? ¿Es que esos riesgos no tendrían consecuencias funestas para la integridad de España? 
Pues aquí hay dos  partidos de derechas que han decidido estrategias diferentes ante tal estado de cosas: Vox ha decidido hacer frente al gobierno en defensa de la Constitución, mientras el PP sigue en su meliflua palabrería y a verlas venir, sin acciones concretas y teniendo por estrategia visible sólo su revolucionario Catón de bajar los impuestos haga sol o lluevan chuzos de punta. Economicistas por encima de todo, e impuestos como única política monetaria.
Mientras, Vox se ha levantado contra las barbaridades venezolanas de PSOE y Podemos, que amenazan con hacer un erial de España, o algo peor. 
¿Eso es una pinza, como dice lastimeramente el PP, lamiéndose las heridas, o es simplemente política de gobierno alocado, y de oposición responsable, que el PP no quiere asumir? El PP quiere recuperar el bipartidismo en el que él era la mitad de la tarta, pero sin luchar, y poniendo el periscopio al revés para ver la realidad más pequeñita o no verla. Y sobre todo, no dar la cara. Esperar a que el gobierno caiga por sí mismo, y ganarle las elecciones, cuando seguramente no quedara sistema electoral como el que hay. 
En España, hoy, se está dirimiendo una guerra política entre un proyecto venezolano, del que hablaremos más ampliamente en otra ocasión, y una defensa del orden constitucional antes de que sea demasiado tarde y sea arrasado con todas sus consecuencias. 
Eso no es pinza, todo lo contrario. Es guerra política que, desgraciadamente, nos afecta a todos en sus consecuencias, y en la que los españoles deberán decidir si están en el bando de la defensa del Orden presente o del Orden que estos desalmados quieren implantar. Las desatinadas declaraciones del gobierno están despertando a muchos españoles y poniendo votos en el granero de Vox, pero porque éste es el único que ha plantado cara. Veremos la liquidación de Ciudadanos y la caída del PP a favor de Vox. Esto no es un deseo, será un hecho. 
Ah! Y olvídense de Europa. Europa esta a por uvas. Tiene sus propios piojos que rascar.

lunes, 20 de enero de 2020

Inglaterra, Churchill y el Patrón Oro

«¿Hemos de quedar a merced de un hatajo de negras afanadas en escarbar con los dedos de los pies en el fango del Zambeze?», le había preguntado a los burócratas Winston Churchill.
(Téngase, por favor, en cuenta la fecha de tales expresiones hoy lesivas para los oídos sensibles: 1925)

En 1925, seis años después de la Gran Guerra (que había dejado exhaustos a los países combatientes menos EEUU), Churchill llevaba años siendo ministro de Hacienda. Se formaron grupos de opinión y de presión a favor de la vuelta al patrón oro. Los favorables a ello pensaban que así Gran Bretaña restablecería la confianza y robustez previa a la guerra y volvería a ser el país líder mundial.
Era coger el rábano por las hojas, porque la fortaleza de un país no viene determinada por su sistema monetario, sino más bien al revés: es la fortaleza o debilidad económica la que permite tal o cual sistema monetario. En todo caso, se formó un gran movimiento, desde diferentes sectores, a favor de la reincorporación de la libra al patrón oro, movimiento nada ajeno por cierto a los intereses del sector financiero, que pensaba así sacar ciertas ventajas para el negocio (como un tipo de interés más bajo una vez que las operaciones internacionales en esterlinas fueran a más bajos tipos de interés por la mayor confianza en su solidez). La pujanza del movimiento hizo difícil al gobierno, y más al ministro, soportar los embates de los grupos interesados. 
Siguiendo “La biografía” de Churchill de Andrew Roberts...

Así las cosas, el 17 de marzo, Churchill invitaba a John Maynard Keynes, el economista de Cambridge que había sido la única voz discrepante del Comité Cunliffe, al ex ministro de Hacienda Reginald McKenna, a lord Bradbury, experto en reparaciones de guerra, y a Otto Niemeyer, a una cena en la sede de su departamento con el fin de examinar a fondo la cuestión. También estuvo presente en la reunión Percy Grigg, quien más tarde diría que el cónclave había sido «una especie de Brains Trust», en alusión al popular programa de la BBC.° Andando el tiempo, Grigg señalará que Niemeyer y Bradbury respaldaron el proyecto, mientras que Keynes y McKenna se opusieron a él. «El simposio se prolongó hasta la medianoche, e incluso más allá», apunta. En ese momento pensé que los síes iban a llevarse el gato al agua. La tesis de Keynes, que McKenna apoyó en todos sus detalles, sostenía que la diferencia de precios entre los bienes estadounidenses y los británicos no era del 2,5% como indicaba la cotización en el mercado de valores, sino del 10%. Si volviéramos al oro con la misma paridad de antes, tendríamos que proceder a una deflación de los precios internos de una magnitud aproximadamente similar. Esto implicaba un aumento del desempleo y ajustes salariales a la baja, y obligaría a asumir la incidencia de huelgas prolongadas en las industrias pesadas —y al final se constataría además que dichas industrias se habrían visto sujetas a una constante contracción—. Por consiguiente, era mucho mejor intentar mantener estables los precios domésticos, equilibrar el nivel nominal de los salarios y permitir que las cotizaciones cambiarias fluctuasen. 
Bradbury señaló en cambio que el patrón oro era un sistema «a prueba de bellacos», dado que, al estar la divisa directamente ligada al precio de ese metal, los políticos no podrían manipular el valor de la libra esterlina para favorecer sus propios fines partidistas. Se creía que la ventaja que suponía la estabilidad de precios, y por consiguiente los beneficios de una ausencia de inflación, superaban al inconveniente de la falta de liquidez del sistema. Al sugerirse que Gran Bretaña volviera a ceñirse a una paridad inferior, Bradbury afirmó que «sería estúpido provocar una conmoción en la confianza de los mercados y poner en peligro nuestra reputación internacional para conseguir un alivio tan reducido y efímero». Aquí es donde podemos insertar la frase de Churchill que encabeza el artículo: 

«¿Hemos de quedar a merced de un hatajo de negras afanadas en escarbar con los dedos de los pies en el fango del Zambeze?», le había preguntado a los burócratas Winston Churchill.

Tras muchas discusiones, McKenna fue quien tuvo la última palabra: «No hay escapatoria; tenéis que volver a lo de antes; pero va a ser un infierno». Keynes, cuya obra “Las consecuencias económicas de La Paz”, publicada en 1919 [y con un gran éxito de público mundial], había criticado duramente las cláusulas financieras del Tratado de Versalles, escribió tres artículos en los que censuraba de manera muy similar el retorno al patrón oro. Dichos ensayos aparecieron en julio de 1925 en el Evening Standard, y fueron reimpresos más tarde en un panfleto de 32 páginas titulado “Las consecuencias económicas de Mr. Churchill”. En este último texto, Keynes argumentaba que el patrón oro sobrevaloraba la libra esterlina —circunstancia creada a su vez «para satisfacer la impaciencia de los prohombres del centro financiero de Londres»—, y que eso iba a determinar una caída de los salarios. Keynes explicaba asimismo que los motivos de la decisión de Churchill se habían debido «posiblemente, y en primer lugar, al hecho de que [el ministro de Hacienda] carezca de los frenos instintivos que todo hombre precisa para no cometer errores; también a que esa falta de juicio espontáneo ha permitido, en segundo lugar, que le ensordecieran las clamorosas voces de las finanzas convencionales; y en tercer lugar, y este es el extremo más determinante, a que sus propios expertos le han hecho tomar un rumbo gravemente equivocado». 
A Churchill no le importó un ardite este ataque ad hominem, que a su juicio formaba parte del toma y daca propio de la política. Tampoco ha de pensarse que estuviera necesariamente en desacuerdo con esos puntos de vista, puesto que ya le había dicho a Niemeyer que, en términos generales, tendía 

«a pensar que lo mejor era tener a las finanzas menos boyantes y a la industria más contenta», mientras que la incorporación de Gran Bretaña al patrón oro iba a producir el efecto opuesto. 

No obstante, con el paso del tiempo, Churchill habría de lamentar profundamente haberse dejado aconsejar por Montagu Norman, lord Bradbury y Philip Snowden y haber dado el paso de vincular a Gran Bretaña al patrón oro —sobre todo sin haber puesto al mismo tiempo en práctica medidas de ajuste salarial y de política fiscal acordes con las nuevas exigencias que planteaba una libra esterlina respaldada por el oro...
La devaluación habría sido una medida mucho mejor, y habría facilitado una transición más suave al patrón oro, pero el gpobierno pensó que eso sería tanto como admitir de facto que Gran Bretaña no iba a ser capaz de recuperar los antiguos laureles de su grandeza como tal superpotencia. De acuerdo con las conclusiones de un estudio sobre las decisiones que tomó Churchill en esta materia, «al no desarrollarse nuevas industrias, y no existir tampoco un espíritu emprendedor de muy diferente orientación, no había en realidad una sola política monetaria que hubiera podido encauzar las cosas de un modo verdaderamente distinto al que se estaba imponiendo». Al final se comprobaría Que Keynes tenía razón.
En 1945, Churchill admitiría en privado: «La mayor metedura de pata de toda mi vida fue el retorno al patrón oro».

Sí. Al final el que tenía la razón fue Keynes. Cuando un país está quebrado por la factura de La guerra y debe un montón de deudas, es el peor momento para revaluar su moneda. Al hacerlo, cae la producción y encarece las deudas en términos de PIB, lo que le exige o bien producir más, o bien deflactar internamente precios y salarios para poder reequilibrar la cuenta exterior. Pero lo que es aconsejable en todo caso es más inflación, puesto la capacidad de pago se mide en PIB nominal. La libra fue revaluada frente al dólar y al oro, y fijada su paridad en un nivel inasequible a la  productividad relativa a EEUU. La consecuencia fue una contracción interna de la economía, un aumento enorme del paro, con deflación incluida, y un malestar social que abocó a huelgas y manifestaciones casi diarias. Ciertamente esa respuesta sólo podía agravar la situación, pero en economía sucede siempre que las partes no ven las consecuencias de sus actos en el conjunto global, y por una razón inexcusable: la visión parcial se forma con un juicio de lo que se percibe alrededor, pero no se sabe bien la cadena de causalidades que llevan al resultado del conjunto. 
Por eso es más fácil devaluar (o revaluar) el tipo de cambio para que salarios  y precios, a través de su lógica parcial y miope, que esperar que cambien los precios y salarios relativos a favor del conjunto. No se les puede exigir a los trabajadores una reducción salarial voluntaria para sostener un tipo de cambio determinado. Eso lleva a despidos y caída de contrataciones, siguiendo la lógica empresarial. La empresa tampoco puede ser obligada a mantener pérdidas en nombre del conjunto, y acabará quebrada y cerrando. Cada actor sigue su lógica, y no se le puede exigir que se haga cargo del conjunto cuando eso pasa por meses de paro e incertidumbre de futuro.
La exigencia de algunas escuelas que siguen la lógica microeconómica, que no se devalúe porque tarde o temprano todo volverá a equilibrarse - al ser consciente los agentes de los “valores reales”- adolecen de lo que Keynes llamó “la Falacia de la Composición”: la suma de las lógicas parciales no llevan al equilibrio conjunto, sino que se desvían permanentemente de él. 
Es obvio que esto es así. En España y otros países se ha vivido una situación parecida en la crisis por la fijación del tipo de cambio en el euro en la crisis de 2008. No se podía devaluar, ergo había que deflacionar, o, como se llamó, pasar por una “devaluación interna”. La política fiscalmente restrictiva de la UE agravó la situación, aunque éstos nos llevaría demasiado lejos en el contexto de este artículo. El caso es que tuvimos lo que Keynes había pronosticado: una altísima tasa de paro, contracción, y deflación.

domingo, 19 de enero de 2020

Economías de dos tipos

Hay dos tipos de Economía,
La que practican unos caballeros atildados con 
Chaquet y sombrero de copa, acorde con su clasicismo,
y la que hacen unos mentecatos en remangadas mangas de camisa.
Los primeros confían en la racionalidad del llamado Homo Aeconomicusº,
Pertrechado éste de interés propio a interés compuesto. 
Sabe ciegamente que los demás harán lo que él, aplicar la razón a la visión de futuro, sin desviarse un milímetro. Ladrillo a ladrillo, compondrán un vasto y bello cuadro armónico sin impurezas, ni roces lesivos, ni frustraciones, porque todos son conscientes que no hay mejor composición.
No habrá huelgas ni reclamaciones, cada cual sabe que no puede aspirar a más trozo de pastel. La armonía será recompensada por la armonía. La belleza del cuadro ocultará los agravios, siempre temporales en el peor de los casos.

El economista en remangadas mangas de camisa no cree que de la unidad racional lleve a la composición sin igual, armónica y sin fallos. Sabe que hay desajustes, errores y frustraciones, y que el intento de cada uno de rectificarlos lleva a más desajustes, errores y frustraciones. Hay una cosa llamada incertidumbre, que opaca la visión de futuro. Cuando la incertidumbre crea una densa niebla, no habrá ninguno que se atreva a cometer un error, porque, ¿como se compensará con otro error? Bajará crudamente la inversión y la contratación. 
¿Cómo  explicar al trabajador que la huelga no lleva más que a despidos y un salario menor? ¿Cómo  explicar al inversor que su deuda le llevará a la quiebra, por muchos cálculos que haga? ¿Cómo calcular el valor de su empresa, si no sabe cual será el tipo de interés del futuro?
En la perfecta armonía aparente, en la que todos se relamen pensando que “Esta vez es diferente”, un pequeño mosquito pica al jefe maquinista, que molesto, se sacude un manotazo en el ojo y eso sube el tipo de interés. ¡Sorpresa general! Descabalgamiento de las deudas, todos quieren vender sus posesiones. Pero nadie quiere comprar, tan sólo vender. 
¡Ah, Me he equivocado, me he equivocado, pero ya es tarde! La avalancha no cede, avanza. Los precios caen, se despendolan, consultemos a los oráculos, despanzurremos las ocas del Capitolio.
Las ocas corren despavoridas. Sin embargo, algunas se dejan coger creyendo que les van a dar un premio. 
Lo que sigue es una gran locura de dictámenes y contra dictámenes, que si esto que si lo otro, que si subir los tipos de interés, que si bajarlos. ¿Devaluar? ¿Bajar o subir impuestos? Todos quieren ser consultados por el rey. El Rey pasa revista a los arbitristas, y se aburre. Lo que le gusta es cazar. Sueña con organizar grandes simposios mundiales, con sección de caza incluida. Dice a su edecán que llame al rey vecino, a ver qué le parece... sí, habrá un simposium mundial. Y otros, y más...
Al final, los del sombrero de copa dirán que la culpa la tienen los intervencionistas, por no haber dejado que las cosas siguieran su curso natural. Si el río se desborda, el nuevo cauce será lo natural. Si aumenta el paro, será lo natural. Si el enfermo tiene apendicitis, se morirá de muerte natural, como si es un cáncer. Dejemos que lo natural siga su curso. 
Se hablará de volver al patrón oro, añorado por algunos de la chistera. Se resucitarán economistas muertos, esto es ineludible. Nos enteraremos por enésima vez que Keynes era homosexual.
Todo vale, pues al final se hará lo contrario a lo prometido. Bajaran los impuestos y los subirán. Algunos sacarán tajada y se enriquecerán. Otros serán la generación perdida. Siempre hay una generación que pierde el tren y el siguiente. O dos. Siempre. 
(º) Homo aeconomicus es un término que define una aproximación o modelo del Homo sapiens, como ente que actúa para alcanzar el bienestar más alto posible dada la información disponible sobre oportunidades y restricciones, tanto naturales como institucionales, y teniendo en cuenta su capacidad para lograr unos objetivos predeterminados[4]​. Este enfoque se ha formalizado en algunos modelos de las ciencias sociales, particularmente en economía. (Wikipedia) 

sábado, 18 de enero de 2020

Forzando la naturaleza

Es lo que persiguen. Según Beatriz Gimeno, la heterosexualidad lleva directamente al patriarcado, en el que en realidad los hombres violan a las mujeres. Según eso, el 99% de los machos deberían estar en la cárcel por “empoderarase” (sic) del cuerpo de la mujer.
Bueno, supongamos que sea así, que los maridos violamos, aunque no lo sepamos, a nuestras mujeres, y que ellas NO quieren ser penetradas, pero se dejan por razones ¿de interés económico? 
Ah, pero me digo, y las relaciones entre dos lesbianas no pueden dar lugar a algo similar, que llamaríamos “matriarcado”? No, me contestarían, porque no hay penetración. ¿Qué no hay penetración? Eso lo dudo. Hay juguetitos para hacer las más sofisticadas penetraciones, de hembra a hembra, y a parte de eso siempre habría una de ellas más dominante que la otra. ¿O debo decir dominanta?
Que esta tipeja haya llegado a un cargo con un sueldo de lujo sin saber expresarse es para llorar, aparte de que me ha obligado a hablar en una cerizonja que me da asco. 
En todo caso, lo más sorprendente es las prisas que se han dado en manifestar un oceánica incultura y sus ganas locas de modelarnos a todos según su aberración. No han podido aguantar ni 24 horas. Por todos los dioses, ¡que ansiedad! 
Vean el vídeo de B. Gimeno. No se lo pierdan.

viernes, 17 de enero de 2020

Desatinos progresistas

Por sus palabras les conoceréis. Un resumen, y un vídeo tomado de YouTube de la inefable Beatriz Gimeno, ¡que bien se expresa!


No se pierdan el vídeo 


Supongo que ya han oído hablar de “ésta” durante todo el día. Tampoco es manca la sentencia de Celaá, “que no se pueden considerar a los hijos propiedad de los padres”. Lo cual lleva a conclusiones puramente de régimen comunista.
Esto es a las pocas horas de haber tomado posesión de sus cargos, lo que nos induce a pensar que qué paciencia hemos de acumular para aguantar estén cambio de régimen. 
Porque es un cambio de régimen. La Zarzuela volará, el rey se irá al exilio, y la Moncloa será la Casa Blanca. Es lo único que ha demostrado Sánchez: determinación para lograr y perpetuarse en el poder, aún en las condiciones más adversas. 
Según Emilio Campmany (LD de hoy), es un muñeco de Ivan Redondo. No lo creo. Este tipo, desde que le echaron por la ventana del PSOE, ha sabido abrirse puertas impensables, con o sin Ivan Redondo. 
No desprecies a tus enemigos. Y esté desde luego lo es de mi conservadurismo racional (ver post anterior). 

lunes, 13 de enero de 2020

A quien le interese

Supongo que a pocos les interesará que llevo años definiéndome como conservador. Ha muerto Roger Scruton, un gran pensador conservador; a quien no conocía, pero del que me he puesto a rastrear libros suyos como un poseso. Conocía a Oakeshott, pero en este erial estepario que es España, no tenía noticia de Scruton. Aquí te venden banalidades firmadas, eso sí, con cientos de miles de ventas, de un mindundi que no sabe escribir (me muerdo la lengua)  o cuentos de Walt Disney, para menores. Lo demás es pornografía. (Foto de Libertad Digital)




Me defino conservador porque soy contrario al optimismo antropológico de la izquierda y, en una buena parte, del liberalismo. Soy pesimista sobre la naturaleza humana y, por ende, mucho más de la social. 
Eso me lleva a coincidir con los  citados a que hay cosas que merecen ser conservadas, que el hombre no es sólo biología, materia. Puede que el hombre sea pura química, pero su vida en sociedad le obliga a prestar oídos a algo más que, puede no ser espíritu, pero de cuya existencia no se puede uno abstener. Quizás a eso es lo que Karl Popper llamaba “El tercer Mundo”. Ortega y Gasset tenían una expresión muy bonita: “el hombre no es sólo naturaleza, sino historia”. Incluso yo diría que desde los confines del tiempo, cada vez es más lo segundo que lo primero. 
Entre nosotros se establecen relaciones invisibles, en distintos planos - familiar, comunales, social, estatal, mundial, etc -, en los que a medida que se elevan vamos diluyéndonos, pero cuya influencia en nuestras vidas son innegables. Esos planos de relaciones de diferente nivel y potencia es lo que nos comunica con el resto del mundo, de una manera extraña, compleja, indescriptible salvo, con suerte, en los primeros niveles más elementales; que son los más absorbentes para nosotros, pero sobre los que menos control tenemos. 
Y luego está Hobbes. Si alguien comprendió las constantes eternas de la sociedad y de la naturaleza humana fue él. Si lo enfocamos desde el punto de vista de Maquiavelo, y nos dejamos de mariconeces, comprendemos la trilogía innegable de individuo, sociedad y poder. Homo homini lupus: Hobbes nos descubrió sin ambages que sin estado somos enemigos mutuos, aunque muchos no lo quieren ver. 
Entonces se desmorona toda la simpleza del punto de vista del buenismo de la izquierda meliflua, y la otra, igualmente peligrosas. Bueno, igualmente no, pero igual de falaces, a las que hay que añadir el buenismo religioso. 
Todos los políticos pecan de mentir, de ocultar la verdad, porque a la gente no le gusta escucharla en toda su crudeza. En todo caso estamos muy lejos de estas consideraciones, lo que no contribuye a que las cosas vayan medianamente bien. 
Como es evidente, Este conservadurismo no me hace ser incompatible con ciertos gobiernos “progresistas”, en principio; pero lo malo es su inevitable deriva hacía más progresismo y más mentira. La sociedad marca el paso. La sociedad que se ha formada con esos lazos invisibles e incontrolables marcan el paso del ocupante del poder, que siempre desarrollará un mayor o menor grado de demagogia para adaptarse de la manera más acomodaticia a la permanencia en él. Tampoco me hace incompatible con el liberalismo, salvo ese liberalismo actual, ay, dogmático y estéril del que se han apoderado cuatro chalados que creen que tienen una mina de oro. 

viernes, 10 de enero de 2020

Winston Churchill

Cita de 1917, cuando se instauró el comunismo en RUSIA:

Churchill califica a la revolución rusa de «maremoto de ruina en el que posiblemente se hayan abismado millones de seres humanos. Las consecuencias de estos acontecimientos [...] están llamadas a oscurecer el mundo de los hijos de nuestros hijos».
«El odio que siento hacia el bolchevismo y los bolcheviques no hunde sus raíces en su estúpido sistema económico ni en la absurda doctrina de una igualdad imposible. Brota del sanguinario y devastador terrorismo que practican en todas las tierras en las que han irrumpido, y que es el único medio capaz de sustentar ese régimen criminal.» 

En otra ocasión, dirigiéndose a los Laboristas en un discurso, dijo:

«Que abandonen de una vez la absoluta falacia», dijo, «la grotesca, errónea y fatal equivocación de creer que limitando espíritu emprendedor del hombre, paralizando con los grilletes de una falsa igualdad los esfuerzos de las distintas formas y clases del empeño humano, acabarán por lograr el bienestar del mundo».

miércoles, 8 de enero de 2020

Llegaron al fin los tiempos interesantes

Aquí tenemos al fin el inicio de “tiempos interesantes” como me decía mi amiga Ana hace años, en las primeras elecciones en las que participaba Podemos. O como dice Miguel Velarde, en un artículo muy completo donde no falta nada. 
Que vivas tiempos interesantes es una maldiciendo al parecer china, lo que no está estoy en disposición de discutir. Lo que sí discuto es que esos tiempos tengan algún interés para mí. Yo, por mi edad, me libré de la Guerra Civil, unos tiempos de lo más interesantes, y luego he leído mucho sobre esa época, alegrándome infinito habérmela perdido. Mi ruego a ese dios que según algunos existe es que me muera sin haber conocido guerra alguna. Napoleón fue muy interesante, y tiene todavía sus admiradores, pero en mi opinión fue el Hitler del XIX. Eso sí, mucho más listo que Hitler, pues consiguió tener a Europa bajo su bota hasta que se le ocurrió meterse con Rusia. Hitler cometió el mismo error, lo que es difícil de entender, salvo que sus planes estaban ya pergeñados en su Mein Kampf. Curioso esto de las obsesiones. 
Yo creo que ya se ha dicho todo de este nuevo gobierno amenazante que va a tocar nuestra vida íntima privada hasta extremos no conocidos, y ojalá no lleguemos a los alto niveles de Venezuela o Bolivia. 
¿Que obsesiones trae Pedro Sánchez, y Pablo Iglesias? 
Creo que este gobierno está dividido en dos, lo quieran disimular o no. Creo que Sánchez espera sofocar algunas de las ambiciones alocadas de Iglesias, ¿lo conseguirá? ¿Conseguirán llegar al final de la legislatura? Yo creo que no, sinceramente, lo que a lo mejor no es más que un engaño de mi esperanza. Esto lo pienso porque Pedro dijo que le quitaba el sueño pensar con Podemos en el Gobierno, cosa comprensible si se tiene en cuenta que Sánchez no quiere la negativa rotunda de Europa, por muy débil que esté la situación institucional de la UE. 
En todo caso, va a haber confrontamientos entre una parte y otra, día a día va a ser un Catch a cuatro; por ejemplo, Calviño, ministra de Economía, y un pieza cuyo nombre no quiero recodar ahora que pretende subir los impuestos en 40 mil millones. ¿Cómo se va a lidiar eso? 
En fin, que hay cosas sin abrochar, improvisadas, por la urgencia de sacar un gobierno de dos partidos que no se pueden ni ver, y que esa es nuestra pequeña esperanza. Ahora bien, pequeña. Esto no es un experimento con gaseosa ni mucho menos, y no sabemos realmente cuál es la postura de Sánchez. 
Con todo, las amenazas son enormes. Junqueras, Ada Colau, Bildu, PNV, etc, etc. Todos ellos metidos por Sánchez, contra el estatus actual y contra quien lo representa, el Rey. ¿Qué representa el rey, me preguntan? El Rey representa el tope a una República, que sería desastrosa. 
Querida Ana, hay tienes  los elementos. Lídialos.

martes, 7 de enero de 2020

Feliz 1936

Mi amigo Pablo, y sin embargo colega de blog, me desea feliz 1936. Esto quiere decir que él ve el futuro como yo. Yo, en mi pesimismo lacerante, espero sin embargo equivocarme y que haya un factor inesperado que enderece las cosas. 
Pero la verdad es que ahora mismo estamos al borde de una situación similar, con sus matices diferenciales, a 1936. Es la verdad, mi verdad, tal como la veo. Creo que PEDRO Sánchez ha formado un gobierno propicio para romper a España, que a él, sospecho, se la trae al pairo o, como mal menor, espera que pueda enderezar la situación. 
La ERC, es decir, la Esquerra Republicana de Cataluña, el partido que fundó el genocida Companys, se ha abstenido en favor del gobierno de Pedro Sánchez diciendo que “la gobernabilidad de España le importa tres pitostes”. Normal. Es normal que siendo catalanistas le importe España tres pitostes mientras las cosas marchen bien para la independencia. 
A nosotros nos importa tres pitostes como les vaya a ellos. Es más, si no hubiera una amenaza de guerra, que la hay, y muy firme, yo les daba la independencia. Hasta ahora las provincias del Pais Vasco y Cataluña se han Beneficiado claramente de la pertenencia a España, y desde un punto de vista egoísta nos vendría bien perderlos de vista y dejar de aportar una fiscalidad neta que no se corresponde con su capacidad de renta. Ahí me gustaría verlos intentando cuadrar las cuentas de las pensiones y los parados, por ejemplo, sin la hacienda española. Teniendo en cuenta, sobre todo, que cuentan con un monopolio encubierto en el mercado español. Los franceses & co. Están deseando capturar ese mercado.
Ojalá, desde el punto de vista fiscal, se vayan a t.p.c. Claro que hay más de la mitad de la mayoría de esas regiones que quieren seguir  siendo españoles, cosa que no tienen en cuenta las instituciones europeas tan finolis con ellos y tan brutas con nosotros. Que se fueran, si no fuera por el casus belli. 
Paz, paz Queremos Pablo y yo, y la mayoría de españoles. Sí fuera por eso, a mí me la pela todo lo demás. Yo hace treinta años que no voy por allí ni pienso ir. 


domingo, 5 de enero de 2020

La banalidad del mal

Leyendo una colección de escrito de Hannah Arendt, me encuentro con este neologismo suyo sobre la “banalidad del mal”. Fue en el juicio del nazi Adolf Eichman en Israel, cuando creó esa expresión para mostrar al mundo que el reo no era un ser maligno absoluto, sino un ser banal, obediente, buen funcionario, que había llevado hasta el extremo mal las órdenes que recibía.
Me pregunto si no estamos asistiendo a algo así en España, después de ver la pesadillesca sesión del Parlamento sobre la investidura del candidato, que sí no lo remedia un milagro, se producirá el martes día siete de enero. (Diputados socialistas: piensen en la “banalidad” de su voto de confianza en este contexto).
Pero, ¿qué tenemos? Diputados socialistas aplaudiendo a lo que más se parece esas banalidad del mal, Bildu, la siniestras secuela de ETA y el totalitarismo Vasco tan asombrosamente “normal” durante 40 años allí. Quien haya leído “Patria” de Fernando Aramburu (el mejor relato de esa banalidad cotidiana del mal), se dará cuenta de lo que hablo. Durante cuarenta años en el Pais Vasco fue normal que a una persona se la señalara en una diana y fuera liquidada porque, oye, algo habrá hecho, y poco a poco sus amigos más íntimos le vayan dado de lado, le dicen que es mejor que no venga ya a jugar a las cartas, ni al club de ciclismo de los sábados. Está marcado nada menos que por la autoridad superior, ETA, tarde o temprano llegará la bala segadora, las mujeres amigas de su mujer dejan de mirarla, de saludarla, y un día como cualquier otro, llega la bala. 
Pero las presiones siguen. Oye, mejor te vas de aquí. oye, a mi ni me mires. Tú verás, pero si te quedas... ¿qué había hecho la víctima? Nada. Un sucio asunto de un empleado que le tenia enfilado. Porque era pequeño empresario, daba empleo, pero entre sus empleados, un retorcido que le denuncia a ETA por no subir la nómina. Liquidado. 
Banalidad del mal. La vida sigue, se echan capas de olvido, unos hijos se van a la ciudad, otros se quedan con bravura, la mujer se convierte en un fantasma a quien nadie ve o quiere ver. Banalidad. 
Pues con esos ejecutores, que todavía no han perdido perdón, el candidato quiere formar gobierno. Con esos, que han conseguido llegar al poder en su zona de ejecución, de mando, que siguen diciendo que ellos son los héroes, que gracias a ellos se ha llegado a esta influencia, que el gobierno de España los necesite y les ruegue, y les aplauda. Gobierno cuyo partido tiene víctimas de aquellos gudaris aguerridos y valientes. 
A esto hemos llegado. A la pesadillesca sesión de investidura de ayer, 4 de enero, que acabará con un gobierno apoyado por esa gente y otra de parecido origen y signo. ¿Y a dónde nos llevará esto? Muchos tenemos la tentación de dejarnos mecer por la nana de la banalidad, del nunca pasa nada. Yo creo que se ha dado un paso irreversible hacia la banalidad del mal de Hannah Arendt. No veo que en este país se pueda decir precisamente, “nunca pasa nada”. Sólo si se quiere mirar a otro lado puede decirse eso. 
El mal surge de la banalidad de la civilización occidental. Civilización en la que vivimos una vida cotidiana banal, hasta que algo se pervierte y surge el Mal con mayúscula. Un Mal tras el cual nada volverá a ser igual.