"How can I know what I think until I read what I write?" – Henry James


There are a few lone voices willing to utter heresy. I am an avid follower of Ilusion Monetaria, a blog by ex-Bank of Spain economist (and monetarist) Miguel Navascues here.
Dr Navascues calls a spade a spade. He exhorts Spain to break free of EMU oppression immediately. (Ambrose Evans-Pritchard)

sábado, 28 de enero de 2023

Escenario no confortable

Las soluciones escasean

La crisis inglesa es la avanzadilla de nuestros problemas inminentes. 

El The Telegraph no se muerden la lengua a la ahora de poner en su sitio al gobierno Torie. Véase por ejemplo Jeremy Adams. En su opinión, aunque teme más a los laboristas, el gobierno está fracasando estrepitosamente. 

Todos estamos fracasando. Y el fracaso de Occidente es la ruina para los Países emergentes. 

Como en todas partes, por ejemplo España, el gobierno se desmarca de la realidad en sus discursos mega optimistas que recurre a un futuro inventado. Por ejemplo, la IA, según el gobierno tipo occidental, es la recojo madre de todas las soluciones. En Inglaterra también. Como dice Jeremy, el ministro del Tesoro,


“Hunt dijo que le había pedido a ChatGPT, la nueva forma de IA de código abierto de la que todo el mundo habla, que escribiera las primeras líneas de su discurso. De manera similar, le pedí que escribiera mi párrafo final. "ChatGPT está al máximo de su capacidad en este momento", respondió inútilmente, y aún permaneció allí algún tiempo después. Las soluciones, al parecer, escasean.”


En el futuro no veo un escenario confortable. La deuda pública ha subido en nuestras economías de manera exponencial. Me remito a mi anterior artículo la matemática de la Deuda.

(

Desde la crisis financiera, y sobre todo desde la pandemia, la deuda pública mundial ha crecido hasta el 349% del PIB mundial. En el gráfico, se ve la deuda/PIB acumulada por EEUU, que llegó a una ratio de casi el 140% del PIB, aunque ahora ha bajado al 120%.



Alguien puede pensar que cuanto más extenso es el problema, mejor para los endeudados... y peor para los acreedores. Pues no es así. 
Si se  produce un impago de la deuda mundial, el crédito futuro se contraerá, y la economía mundial será arrasada y caerá en manos del más fuerte. ¿Quien será el más fuerte? El o los que tengan el crédito suficiente para endeudarse y comprar a bajo precio los activos mundiales, aunque sería un caso extremo. 
Controlar la deuda/PIB es problemático, porque exige crecer y y mantener el flujo de pagos debidos. En concreto, Solo estabilizar la ratio significaría que la tasa de crecimiento del PIB nominal fuera igual o mayor al tipo de interés devengado. Esto se deduce de que el incremento anual de la ratio

%Deuda/PIB = Déficit/PIB + deuda*interés/PIB - %PIB. 

Para que dicho incremento sea cero, el presupuesto debe ser equilibrado (déficit cero) y el interés debe ser inferior al incremento % del PIB. Es decir, estabilizar el presupuesto y que el PIB más que el nivel del tipo de interés.
Pero lo que nos dicen las predicciones para los próximos años es que el crecimiento va a ser muy bajo. Es posible que los tipos de interés bajen, según predice el modelo de L. Summers: vivimos un lento estancamiento (Secular Stagnation), lo cual se deduce de la lenta caída secular de los tipos de interés, indicio de que el rendimiento del capital decae y, por ende, también la inversión. A ello se agrega la caída de la demografía en los más países más destacados, como EEUU, China, Europa.
Esto augura unos ingresos fiscales  decrecientes y unos gastos por desgracia difíciles de recortar, con una población activa menguante, y gastos sociales que tienden a consolidarse, por la resistencia de la población a renunciar en nombre del futuro, lo que agudiza la transferencia de cargas financieras a generaciones futuras. Estos futuros deudores tienen una precisión cierta de que, por primera vez en setenta años, no van a ingresar una renta vital mayor que la de sus padres.

¿Cual serían las soluciones para recortar mundialmente la Deuda/PIB? 
Adelantó algunas, pero ya digo que son difíciles de implementar.
Una posibilidad, quizás la mejor, sería una negociación mundial para consolidar deudas con activos, y aplicar una reconversión de la deuda neta para alargar vencimientos y recortar tipos de interés. Tal tipo de reconversión supone un castigo para los acreedores, pero como son dudas de gobiernos frente a frente, todos saldrían ganando con la operación: se generaría más crecimiento y bajarían los tipos. La economía mundial encontraría un horizonte más despejado y se desinflarían conflictos amenazadores que ensombrecen el horizonte. 
Pero es difícil confiar en que se produzca, por varios motivos. Primero, los gobiernos del mundo tendrían que reconocer sus deudas con los demás, a lo que ciertos países seguro se negarían. Segundo, las negociaciones podrían ser largas, si es que las hay. Tercero, en esta hipótesis se entrometen cuestiones de geoestrategia que pueden anular las buenas intenciones desde antes de comenzar. Cuarto, el reciente Foro de Davos demuestra que la mayoría de los gobiernos, y CEOs de multinacionales, están más inclinados a proyectar una ilusión de que estamos a punto de entrar en una era de revolución tecnológica, que para difundir ni siquiera ligeras notas de pesimismo. “Estamos mejor que nunca”, es el mensaje.
La solución alternativa sería que los gobiernos, país a país, se pusieran manos a la obra para reducir la deuda. Esto, cuando los bancos centrales están en modo de doblegar la inflación, sin haberlo conseguido del todo, dañaría a la economía mundial en una medida difícil de tomar por la contracción de la demanda que supondría. Y no se piense que si los bancos centrales abandonan su lucha, los mercados de deuda se destensarían. La inflación, tarde o temprano, haría subir los tipos de interés por encima de la tasa de inflación.
Tampoco se puede soñar con una política de represión de la deuda bajando los tipos en toda la curva, como se hizo tras la Segunda Guerra Mundial. Entonces era una política aceptablemente políticamente, que además no generó inflación. Hoy sería imposible, porque los mercados, más libres que entonces, no lo aceptarían: no comprarían esa deuda más que a rendimientos muy altos, lo que implica un caída de su valor...
Los bancos centrales quieren atenerse a su mandato, pero los gobiernos, que son sus accionistas, no colaboran a ello, pues aumentan su deuda y eso impulsa a su monetización= inflación. Es más, las deudas públicas han aumentado, pese a que los impuestos se han subido, y pese a la inflación, que siempre ayuda a aumentar el PIB nominal, denominador de la ecuación.
En realidad, con el aumento de las participación en el PIB, el gasto público ha invadido y sobrepasado al sector privado, de cuya contribución productiva vivimos todos, incluso el estado. Cuando una empresa privada se vuelve improductiva, quiebra y se liquida. Cuando el estado aumenta su su gasto y sus funcionarios, está generando un efecto”crowding out” a largo de expulsión de la inversión privada, la que a largo plazo crea riqueza, puestos de trabajo sostenibles y productividad. 
Además, los gobiernos han descubierto repentinamente lo cool que es aumentar el gasto armamentista, del 0,5% del PIB a 4 o 5 veces más. Una muesca más en el presupuesto y la deuda. 
Hay otra razón para impedir la reducción de la deuda mundial. Se trata de la agenda 2030, de lucha contra el calentamiento climático, lo que irremisiblemente aumenta la deuda pública y desplaza la inversión privada.  Sencillamente, no se ha producido, ni se producirá a corto plazo, el cambio tecnológico que permita reconvertir las industria mundial sin grandes quebrantos de empleo, caída de la renta, y aumento de la deuda. Desgraciadamente, la dichosa agenda es una quimera que crea ilusión, pero plantea problemas irreductibles - aparte de que hay países, digamos China, que sistemáticamente no cumple esos acuerdos. Los firma para que Occidente se cubra más de deudas... 
Esos problemas no se dicen, pero están acechando.

Desde la crisis financiera, y sobre todo desde la pandemia, la deuda pública mundial ha crecido hasta el 349% del PIB mundial. En el gráfico, se ve la deuda/PIB acumulada por EEUU, que llegó a una ratio de casi el 140% del PIB, aunque ahora ha bajado al 120%.



Alguien puede pensar que cuanto más extenso es el problema, mejor para los endeudados... y peor para los acreedores. Pues no es así. 
Si se  produce un impago de la deuda mundial, el crédito futuro se contraerá, y la economía mundial será arrasada y caerá en manos del más fuerte. ¿Quien será el más fuerte? El o los que tengan el crédito suficiente para endeudarse y comprar a bajo precio los activos mundiales, aunque sería un caso extremo. 
Controlar la deuda/PIB es problemático, porque exige crecer y y mantener el flujo de pagos debidos. En concreto, Solo estabilizar la ratio significaría que la tasa de crecimiento del PIB nominal fuera igual o mayor al tipo de interés devengado. Esto se deduce de que el incremento anual de la ratio

%Deuda/PIB = Déficit/PIB + deuda*interés/PIB - %PIB. 

Para que dicho incremento sea cero, el presupuesto debe ser equilibrado (déficit cero) y el interés debe ser inferior al incremento % del PIB. Es decir, estabilizar el presupuesto y que el PIB más que el nivel del tipo de interés.
Pero lo que nos dicen las predicciones para los próximos años es que el crecimiento va a ser muy bajo. Es posible que los tipos de interés bajen, según predice el modelo de L. Summers: vivimos un lento estancamiento (Secular Stagnation), lo cual se deduce de la lenta caída secular de los tipos de interés, indicio de que el rendimiento del capital decae y, por ende, también la inversión. A ello se agrega la caída de la demografía en los más países más destacados, como EEUU, China, Europa.
Esto augura unos ingresos fiscales  decrecientes y unos gastos por desgracia difíciles de recortar, con una población activa menguante, y gastos sociales que tienden a consolidarse, por la resistencia de la población a renunciar en nombre del futuro, lo que agudiza la transferencia de cargas financieras a generaciones futuras. Estos futuros deudores tienen una precisión cierta de que, por primera vez en setenta años, no van a ingresar una renta vital mayor que la de sus padres.

¿Cual serían las soluciones para recortar mundialmente la Deuda/PIB? 
Adelantó algunas, pero ya digo que son difíciles de implementar.
Una posibilidad, quizás la mejor, sería una negociación mundial para consolidar deudas con activos, y aplicar una reconversión de la deuda neta para alargar vencimientos y recortar tipos de interés. Tal tipo de reconversión supone un castigo para los acreedores, pero como son dudas de gobiernos frente a frente, todos saldrían ganando con la operación: se generaría más crecimiento y bajarían los tipos. La economía mundial encontraría un horizonte más despejado y se desinflarían conflictos amenazadores que ensombrecen el horizonte. 
Pero es difícil confiar en que se produzca, por varios motivos. Primero, los gobiernos del mundo tendrían que reconocer sus deudas con los demás, a lo que ciertos países seguro se negarían. Segundo, las negociaciones podrían ser largas, si es que las hay. Tercero, en esta hipótesis se entrometen cuestiones de geoestrategia que pueden anular las buenas intenciones desde antes de comenzar. Cuarto, el reciente Foro de Davos demuestra que la mayoría de los gobiernos, y CEOs de multinacionales, están más inclinados a proyectar una ilusión de que estamos a punto de entrar en una era de revolución tecnológica, que para difundir ni siquiera ligeras notas de pesimismo. “Estamos mejor que nunca”, es el mensaje.
La solución alternativa sería que los gobiernos, país a país, se pusieran manos a la obra para reducir la deuda. Esto, cuando los bancos centrales están en modo de doblegar la inflación, sin haberlo conseguido del todo, dañaría a la economía mundial en una medida difícil de tomar por la contracción de la demanda que supondría. Y no se piense que si los bancos centrales abandonan su lucha, los mercados de deuda se destensarían. La inflación, tarde o temprano, haría subir los tipos de interés por encima de la tasa de inflación.
Tampoco se puede soñar con una política de represión de la deuda bajando los tipos en toda la curva, como se hizo tras la Segunda Guerra Mundial. Entonces era una política aceptablemente políticamente, que además no generó inflación. Hoy sería imposible, porque los mercados, más libres que entonces, no lo aceptarían: no comprarían esa deuda más que a rendimientos muy altos, lo que implica un caída de su valor...
Los bancos centrales quieren atenerse a su mandato, pero los gobiernos, que son sus accionistas, no colaboran a ello, pues aumentan su deuda y eso impulsa a su monetización= inflación. Es más, las deudas públicas han aumentado, pese a que los impuestos se han subido, y pese a la inflación, que siempre ayuda a aumentar el PIB nominal, denominador de la ecuación.
En realidad, con el aumento de las participación en el PIB, el gasto público ha invadido y sobrepasado al sector privado, de cuya contribución productiva vivimos todos, incluso el estado. Cuando una empresa privada se vuelve improductiva, quiebra y se liquida. Cuando el estado aumenta su su gasto y sus funcionarios, está generando un efecto”crowding out” a largo de expulsión de la inversión privada, la que a largo plazo crea riqueza, puestos de trabajo sostenibles y productividad. 
Además, los gobiernos han descubierto repentinamente lo cool que es aumentar el gasto armamentista, del 0,5% del PIB a 4 o 5 veces más. Una muesca más en el presupuesto y la deuda. 
Hay otra razón para impedir la reducción de la deuda mundial. Se trata de la agenda 2030, de lucha contra el calentamiento climático, lo que irremisiblemente aumenta la deuda pública y desplaza la inversión privada.  Sencillamente, no se ha producido, ni se producirá a corto plazo, el cambio tecnológico que permita reconvertir las industria mundial sin grandes quebrantos de empleo, caída de la renta, y aumento de la deuda. Desgraciadamente, la dichosa agenda es una quimera que crea ilusión, pero plantea problemas irreductibles - aparte de que hay países, digamos China, que sistemáticamente no cumple esos acuerdos. Los firma para que Occidente se cubra más de deudas... 
Esos problemas no se dicen, pero están acechando.)


Todos los países están endeudados de tal manera que el futuro está cada vez más condicionado. Es curioso que esto haya sido simultáneo a la inflación actual, que los bancos centrales están intentando reconducir. Una hazaña cada vez más imposible, pues tarde o temprano tendrán que comprar esa deuda, que tarde o temprano se traducirá en más inflación. Como si no bastara la amenaza Putin de subir los previos energéticos, ya reavivados por la creciente demanda china.

Esto augura un futuro inflacionista, muy diferente al escenario anterior de estabilidad de precios. Pero uno de los factores que habían contribuido a esa contención de precios, la globalización, está desapareciendo. La Globalización había creado una competencia extrema entre países, lo que había deflactado los precios mundiales. Lo malo es que algunos países polizones, cono China, habían manipulado sus precios de exportaciones con un tipo de cambio devaluado y unos costes internos muy bajos. Eso se tradujo en la invasión china de los mercados mundiales, sobre todo de EEUU, y un excedente acumulado exterior gigantesco, pues EEUU y sus aliados lo permitían e, incluso, metieron a China en la OMC. Miel sobre hojuelas para China. Conquistaba los mercados de sus enemigos, y acumulaba una riqueza con la que compraba deuda de los pardillos occidentales, con el resultado actual de nuestra enorme deuda con China y, encima, nuestros mercados sometidos a sus precios manipulados. China, dueña del mundo. Nosotros, con unas deuda creciente precisamente con China. Esa es la realidad.

Entonces esto traza unos escenarios futuros, incluso a coro plazo, nada halagüeños. Por una parte, una inflación que no bajará a sus niveles de décadas anteriores, pero inevitable a partir de un nivel crítico de deuda que Loma bancos centrales tendrán que comprar, emitiendo dinero.

Por otro lado, a un periodo de inflación puede sucederle otro de contracción, porque ya nadie quiere esa deuda, lomque hará subir los tipos de interés al,cielo, como sucedió en 1930-34. Tras la inflación de los 1922, se intentó, con enorme desacierto, reimplantar el paredón oro, lo que provocó la,crisis de 1929, preludio de la llegada de Hitler al poder y la Segunda gran Guerra.

Esto es el panorama que hemos sembrado, bajo la atenta mirada mirada de China...


viernes, 27 de enero de 2023

En el nombre de

Érase una vez, en Algeciras, un islamista, cuyo nombre no quiero saber, que rezó a Alá, y en su nombre, tomó un cuchillo o machete, no se muy bien, y salió a la calle a matar. Asesinó a un sacristán de la parroquia, un hombre que no había hecho mal a nadie. Ahora se han cerrado filas en defensa del Islam que, como todo el mundo sabe, no tiene nada que ver, ni remotamente, con el hecho. Hecho que ya se ha repetido en Europa decenas de veces, y recientemente. Pero las autoridades cierran filas: no, no ha sido el Islam. Incluso Ignacio Vera, hoy, en su lamentable columna, que cuelgo aquí.

Es verdad que en España hay musulmanes perfectamente adaptados e integrados en España. Yo soy amigo de algunos. 

Pero también es cierto que hay fanáticos islamistas que matan atropellando a paseantes, incluso a niños. Francia ha sufrió muchos actos vandálicos, e Inglaterra, y Alemania. Recuérdese. Una vez en Niza uno de estos lanzó un camión contra centenas de paseantes domingueros. Y otros, en otros países, innumerables y olvidadas veces. 

Las autoridades europeas quieren sofocar como sea que nos han declarado una guerra, arraigada en varios gobiernos islamistas, y ejecutada por frentes militares financiados por esos países amigos, como el DAES.

Una larga guerra de desgaste que lleva ya muchos años, desde que empezaron a invadir Europa con sus mujeres preñadas, un arma letal que al cabo de los años, ha resultado en millones de musulmanes inadaptados, rencorosos (solo en Francia en torno a 7-8 millones), que quieren desahogar su frustración vital abrazando el Islam como arma arrogadiza. Suben y bajan los atentados, pero no cesan ni cesarán. No sé si lograrán su objetivo final, pero seguirán matando gente que pasaba por ahí. Culpa suya.

Paris, Discoteca Bataclán, 2015, 130 muertos, culpables de pasar por ahí. Recuerdan a la mujer embarazada pidiendo socorro, colgada de un balcón durante horas? Qué error el suyo, estar embarazada y pasar por ahí! Etc. 

Que son psicopatas? Sin duda, pero también sicarios enviados por Alá para que DAES (y sus patrocinadores) logre su objetivo final. 

Si, Ignacio Vera. El terrorismo antes nos unía. Ahora no, porque las autoridades quieren ser cómplices.  Nosotros, los indefensos, no queremos guerra. Sólo pedimos un poco de eficacia policial. Y no entreguismo políticamente correcto!


miércoles, 25 de enero de 2023

Matemática de la deuda

Desde la crisis financiera, y sobre todo desde la pandemia, la deuda pública mundial ha crecido hasta el 349% del PIB mundial. En el gráfico, se ve la deuda/PIB acumulada por EEUU, que llegó a una ratio de casi el 140% del PIB, aunque ahora ha bajado al 120%.



Alguien puede pensar que cuanto más extenso es el problema, mejor para los endeudados... y peor para los acreedores. Pues no es así. 
Si se  produce un impago de la deuda mundial, el crédito futuro se contraerá, y la economía mundial será arrasada y caerá en manos del más fuerte. ¿Quien será el más fuerte? El o los que tengan el crédito suficiente para endeudarse y comprar a bajo precio los activos mundiales, aunque sería un caso extremo. 
Controlar la deuda/PIB es problemático, porque exige crecer y y mantener el flujo de pagos debidos. En concreto, Solo estabilizar la ratio significaría que la tasa de crecimiento del PIB nominal fuera igual o mayor al tipo de interés devengado. Esto se deduce de que el incremento anual de la ratio

%Deuda/PIB = Déficit/PIB + deuda*interés/PIB - %PIB. 

Para que dicho incremento sea cero, el presupuesto debe ser equilibrado (déficit cero) y el interés debe ser inferior al incremento % del PIB. Es decir, estabilizar el presupuesto y que el PIB más que el nivel del tipo de interés.
Pero lo que nos dicen las predicciones para los próximos años es que el crecimiento va a ser muy bajo. Es posible que los tipos de interés bajen, según predice el modelo de L. Summers: vivimos un lento estancamiento (Secular Stagnation), lo cual se deduce de la lenta caída secular de los tipos de interés, indicio de que el rendimiento del capital decae y, por ende, también la inversión. A ello se agrega la caída de la demografía en los más países más destacados, como EEUU, China, Europa.
Esto augura unos ingresos fiscales  decrecientes y unos gastos por desgracia difíciles de recortar, con una población activa menguante, y gastos sociales que tienden a consolidarse, por la resistencia de la población a renunciar en nombre del futuro, lo que agudiza la transferencia de cargas financieras a generaciones futuras. Estos futuros deudores tienen una precisión cierta de que, por primera vez en setenta años, no van a ingresar una renta vital mayor que la de sus padres.

¿Cual serían las soluciones para recortar mundialmente la Deuda/PIB? 
Adelantó algunas, pero ya digo que son difíciles de implementar.
Una posibilidad, quizás la mejor, sería una negociación mundial para consolidar deudas con activos, y aplicar una reconversión de la deuda neta para alargar vencimientos y recortar tipos de interés. Tal tipo de reconversión supone un castigo para los acreedores, pero como son dudas de gobiernos frente a frente, todos saldrían ganando con la operación: se generaría más crecimiento y bajarían los tipos. La economía mundial encontraría un horizonte más despejado y se desinflarían conflictos amenazadores que ensombrecen el horizonte. 
Pero es difícil confiar en que se produzca, por varios motivos. Primero, los gobiernos del mundo tendrían que reconocer sus deudas con los demás, a lo que ciertos países seguro se negarían. Segundo, las negociaciones podrían ser largas, si es que las hay. Tercero, en esta hipótesis se entrometen cuestiones de geoestrategia que pueden anular las buenas intenciones desde antes de comenzar. Cuarto, el reciente Foro de Davos demuestra que la mayoría de los gobiernos, y CEOs de multinacionales, están más inclinados a proyectar una ilusión de que estamos a punto de entrar en una era de revolución tecnológica, que para difundir ni siquiera ligeras notas de pesimismo. “Estamos mejor que nunca”, es el mensaje.
La solución alternativa sería que los gobiernos, país a país, se pusieran manos a la obra para reducir la deuda. Esto, cuando los bancos centrales están en modo de doblegar la inflación, sin haberlo conseguido del todo, dañaría a la economía mundial en una medida difícil de tomar por la contracción de la demanda que supondría. Y no se piense que si los bancos centrales abandonan su lucha, los mercados de deuda se destensarían. La inflación, tarde o temprano, haría subir los tipos de interés por encima de la tasa de inflación.
Tampoco se puede soñar con una política de represión de la deuda bajando los tipos en toda la curva, como se hizo tras la Segunda Guerra Mundial. Entonces era una política aceptablemente políticamente, que además no generó inflación. Hoy sería imposible, porque los mercados, más libres que entonces, no lo aceptarían: no comprarían esa deuda más que a rendimientos muy altos, lo que implica un caída de su valor...
Los bancos centrales quieren atenerse a su mandato, pero los gobiernos, que son sus accionistas, no colaboran a ello, pues aumentan su deuda y eso impulsa a su monetización= inflación. Es más, las deudas públicas han aumentado, pese a que los impuestos se han subido, y pese a la inflación, que siempre ayuda a aumentar el PIB nominal, denominador de la ecuación.
En realidad, con el aumento de las participación en el PIB, el gasto público ha invadido y sobrepasado al sector privado, de cuya contribución productiva vivimos todos, incluso el estado. Cuando una empresa privada se vuelve improductiva, quiebra y se liquida. Cuando el estado aumenta su su gasto y sus funcionarios, está generando un efecto”crowding out” a largo de expulsión de la inversión privada, la que a largo plazo crea riqueza, puestos de trabajo sostenibles y productividad. 
Además, los gobiernos han descubierto repentinamente lo cool que es aumentar el gasto armamentista, del 0,5% del PIB a 4 o 5 veces más. Una muesca más en el presupuesto y la deuda. 
Hay otra razón para impedir la reducción de la deuda mundial. Se trata de la agenda 2030, de lucha contra el calentamiento climático, lo que irremisiblemente aumenta la deuda pública y desplaza la inversión privada.  Sencillamente, no se ha producido, ni se producirá a corto plazo, el cambio tecnológico que permita reconvertir las industria mundial sin grandes quebrantos de empleo, caída de la renta, y aumento de la deuda. Desgraciadamente, la dichosa agenda es una quimera que crea ilusión, pero plantea problemas irreductibles - aparte de que hay países, digamos China, que sistemáticamente no cumple esos acuerdos. Los firma para que Occidente se cubra más de deudas... 
Esos problemas no se dicen, pero están acechando.

¿Quiebra de los bancos centrales?

¿Quiebra de los bancos centrales?


Carlos Sánchez, en El Confidencial, trata de alertarnos de una posibilidad de que los bancos centrales estén registrando pérdidas, desde que sus políticas pro-impulso monetario (emitiendo dinero mediante la adquisición de deuda pública) haya sido cambiado a lo contrario, es decir, a contraer la liquidez para reducir la inflación (https://www.elconfidencial.com/economia/2023-01-25/subida-tipos-multimillonarias-bancos-centrales_3563508/).

¿Es preocupante [que los bancos centrales] Puedan entrar en bancarrota? Lo que está claro es que el BCE forma parte del Eurosistema, y eso significa que lo que pase en el BCE afectará indefectiblemente a la cuenta de resultados del Banco de España, que supone el 10% del capital del banco central. Y las cuentas no dejan lugar a dudas. Si hasta la primera subida de los tipos de interés la banca comercial pagaba un 0,5% por depositar sus excedentes de liquidez en el BCE, hoy cobra un 2% por la misma operación. Precisamente, en el marco de un progresivo endurecimiento de la política monetaria en aras de doblegar la inflación. Algunos informes han estimado que el BCE tendrá que pagar a lo largo de este año unos 70.000 millones de euros por los depósitos colocados por la banca comercial. 

Llamo la atención sobre que no responde a la inquietante pregunta, un “non comment” mediante el desvío de la atención tras la “inquietante” pregunta…
Intentaremos responder a ella, (que no dudo que C. Sánchez conoce), pero antes veamos con detalle como sucede que un todopoderoso Banco Central registre pérdidas y cuáles serían las consecuencias. 
Los bancos centrales son entidades financieras curiosas desde que existe el sistema monetario de dinero Fiat, es decir, dinero que no necesita contrapartida en el activo para que la gente lo mantenga en su poder con el fin de realizar transferencias, usarlo como depósito de valor, y como unidad de cuenta. Para esos fines, la gente que lo detenta y usa exige que su valor sea estable (la inflación sea baja), de manera que no le suponga una pérdida tenerlo en su cuenta corriente. 
El Banco Central opera con la banca privada en el mercado interbancario, donde se determina el tipo de interés básico anunciado por el Banco Central. Esto implica que el Banco Central interviene en el mercado comprando o vendiendo letras de tesoro a la banca privada con la cantidad necesaria para que el tipo de interés de mercado sea el anunciado por él. 
Mediante la intervención del Banco Central, la banca consigue adquirir o vender la liquidez que necesita para cuadrar su tesorería. Esa liquidez, la banca la deposita en una cuenta que tiene con el Banco Central, por la que recibe normalmente un % marginalmente superior (salvo excepciones) al tipo de mercado. Así la banca gestiona su liquidez necesaria para sus operaciones de crédito, y el Banco Central pone un precio básico, luego repercutido a todos los mercados financieros, lo que se traduce en la llamada “curva de interés”, que no es más que la gráfica de la serie de los tipos de interés a distintas plazos. Normalmente ésta curva es de “pendiente positiva” que quiere decir que, a mayor plazo, mayor es el tipo de interés. 
El tipo de interés mínimo de la curva es el del mercado interbancario, determinado por el BC. 
Estos son conceptos muy básicos que no voy a detallar aquí, pues nos interesan más lo que pasa en las cuentas patrimoniales del Banco Central y calibrar lo que significa que entre en pérdidas. 
Normalmente, cuando el Banco actúa como hemos descrito, obtiene lo que se llama la “renta de señoreaje”, consistente en la pequeña diferencia de tipos del interés entre los tipos comprador y vendedor de sus operaciones descritas no más arriba. Esta diferencia entre el tipo de interés comprador y vendedor es mínima, pero como el volumen de operaciones diarias es muy elevado, al cabo del año se traducen en grandes márgenes. Ahora bien, como el accionista del BC es el Tesoro, éstos beneficios recaen en favor del mismo, por lo que que los beneficios y pérdidas interesan sobre todo a la Hacienda pública. 
Ahora bien, los últimos tiempos no han sido normales, al menos desde 2008. Hemos sufrido una crisis financiera muy grave, una Pandemia también muy grave, y luego una inflación muy alarmante que ha obligado a los BC ha cambiar su rumbo y pasar de una expansión a una contracción monetaria. Esto ha generado pérdidas patrimoniales porque la deuda pública adquirida y almacenada en sus activos, ha caído de precio (debido a que la curva se intereses ha subido), y por lo tanto el BC ha visto como sus activos - principalmente deuda pública) se depreciaban, mientras que el pasivo aumentaba. Esto es nada más que La descripción de una pérdida contable, que básicamente no afecta más a que la caída de beneficios transferidos a Hacienda.  
En el otro lado del balance se encuentra el pasivo, que en el BC es el dinero  emitido, lo que hemos definido más arriba por una de sus funciones. Es un dinero Fiat, que quiere decir exactamente que no está respaldado por en activo, sino por la aceptación de la gente a tenerlo y usarlo, con la única condición de que no se devalúe mucho. Hoy en día se acepta como óptima una inflación del 2%. 
Ahora bien, hemos pasado de un periodo de baja inflación, incluso deflación, y eso ha obligado a lo suyo bancos centrales a comprar masivamente deuda pública, par que la curva de interés bajara, y luego. Hacer todo lo contrario,  a subir tipos y vender la deuda de sus activos con pérdidas. Pero ¿son pérdidas reales, con repercusión para el resto económico? Recordemos: el BC se financia emitiendo dinero, y este dinero es Fiat, lo que quiere decir que él coste de emisión es cero para el BC (mientras se cumpla con la expectativa de la gente de que la inflación es baja o se va a reconducir). Si no fuera así, la gente intentaría cambiar sus activos líquidos por otros menos líquidos y más rentables, o protegidos de la inflación (deuda indiciada). 




En el gráfico vemos el tipo de interés oficial, base de todos los demás, y las expectativas de inflación medidas por el diferencial de rendimiento entre la deuda pública a 10 años nominal y ajustada de inflación. Es claro que, recientemente, las expectativas de inflación se han moderado algo, mientras la FED elevaba su tipo de interés básico hasta el 4,5%, desde el 0,5% vigente desde la pandemia. Pero de momento no hay signos de que la FED vaya a bajar tipos en breve.


Recapitulando: el BC adquiere siempre su renta de señoreaje, que va a revertir al Tesoro como beneficio de sus acciones en la entidad. En los últimos años, los bancos centrales han tenido pérdidas porque al subir los tipos de interés, el precio de sus activos de deuda han caído y desvalorizado su activo. Esto no es más que una pérdida contable sin ningún problema visible de quiebra. Antes, cuando los bancos centrales eran privados, necesitaba pagar a sus accionistas y era un problema si tenía pérdidas. Pero eran otros tiempos, y no mejores necesariamente.

domingo, 22 de enero de 2023

Geoestrategia

La geoestrategia es un arcano para la inmensa mayoría, la que con sus votos decide quien gobierna y legisla un país durante cuatro años.

En este artículo tenemos una prueba de lo lejos que nos quedan estos temas tan ignotos como de crucial importancia. No hay más que pensar en el vil comportamiento de Francia con España en cosas cono el santuario para la ETA en la región Vasco francesa (hasta los noventa), y la resistencia de nuestro vecino a la entrada de España en la Comunidad Europea, tan necesaria para consolidar la Transición a la Democracia (1986).

¿Por qué nos odiaba tanto Francia? Como explica Contreras, era su modo de debilitar su potencial frente del Sur, que mostraba un florecimiento económico incómodo. 

Hoy Francia ha rechazado el gaseoducto que hubiera alimentando a Alemania con La energía que antes venía de Rusia. Alemania es el archienemigo de Francia; la Unión Europea se forjó con el objetivo prioritario de unir las economías de ambos para quitarle las reiteradas ganas invasoras a Alemania. Desde los comienzos de esa Unión, Francia se otorgó el liderazgo político, ya que Alemania partía de una malísima imagen por su reciente nazismo... Pero ya en los años sesenta se convirtió en el incómodo líder económico que Francia no se esperaba. Francia no quería ni quiere fortalecer la economía alemana, para su gusto demasiado potente. Prefiere debilitar a su “aliado” y mantener su liderazgo político, aunque sea de unos países económicamente cuestionados, aunque hasta ahora Francia y Alemania siempre han votado juntas en las grandes cumbres europeas en cuestiones europeas, como la posible expulsión de Grecia que pedían algunos miembros. en caso discrepancia, han hablado aparte y se han puesto de acuerdo para votar lo mismo. En este extraño baile del minué se encuentran profundos motivos con siglos de antigüedad de guerras entre ambos. 

Por lo tanto, es detectable una jerarquía no explícita en la UE: mandan Francia y Alemania en los momentos difíciles, y los demás raramente pintan algo. Hay países, como la unión de Benelux, que está de acuerdo con ello, y a los Nórdicos no les interesa demasiado. A los del Sur se les da un toque de trompeta de vez en cuando, pero de lo contrario no tienen mucho poder: son países que dependen demasiado de Las transferencias del Norte: Países de carácter cuasi mendicante, generalmente masivamente apoyado con los votos. Irlanda es la única que se ha independizado con su boyante economía. 

España, en concreto, no tiene capital político para tener más peso en las decisiones, sobre todo porque al electorado español, además de fraccionado, no le importan esos problemas. Tradicionalmente, España ha tenido una política exterior de muy baja intensidad, y en declive, desde el siglo XIX. El separatismo y la división de las regiones han liquidado lo poco de capital que acumuló el régimen anterior, al que sí le preocupaban estos problemas como condicionante de la paz  y prosperidad interior.




https://www.eldebate.com/opinion/en-primera-linea/20220830/francia-quiere-debiles_56860.html

sábado, 21 de enero de 2023

Inversión directa extranjera

La inversión directa del exterior en España es un buen indicador de la expectativa económica suscitada por nosotros para el capital más estable. Es decir, del inversor que piensa a largo plazo y considera que España es un destino fiable, a medio y largo plazo, para su capital.
Por lo tanto, en su cálculo se excluyen las inversiones a corto plazo que responden al cálculo de una rentabilidad que cubre los riesgos a plazo de, digamos, menor de un año, riesgo que es fácil de estimar y determina llamar rentabilidad exigida. Por ejemplo, un bono nacional rinde - y por lo tanto, refleja en - un tipo de interés que cubre los riesgos de capital, inflación, devaluación cambiaria, etc. 
La inversión directa en principio no es sensible a esos capítulos de riesgo. Supone que a largo plazo serán compensados. Lo que le interesa al inversor es instalarse en España, fundar una empresa o participar en una existente, y el beneficio a largo que, capitalizado, le compense. Estudiará por lo tanto, la estabilidad política y social, la seguridad jurídica, la protección de la propiedad privada, las garantía de que podrá liquidar y recuperar su capital y ganancias sin impedimentos... 
es decir, es el inversor descrito por Shumpeter, que tanto anhelan los países en desarrollo como fuente de todo lo que conlleva este tipo de inversión: financiación estable y renovada, factor empresarial, nueva tecnología, puestos de trabajo... 
Es difícil acotar este concepto en cifras. Se sabe que ha sido crucial para los países subdesarrollados  que han conseguido dar el salto de la renta per capita al primer mundo, como España en los sesenta, Corea del Sur en los ochenta, Irlanda recientemente. Irlanda es un ejemplo especial porque uno de sus objetivos fiscales es gravar poco a la inversión directa, nacional o extranjera. Por eso nos ha rebasado netamente en renta per capita.



¿Impresionante, no? 
Lo malo es que la inversión directa es difícil de contabilizar con exactitud. Del flujo total de capital extranjero que entra en un periodo, habría que desgajar lacompra de títulos de renta fija y acciones compradas por motivos especulativos, muy apalancadas, y fácilmente liquidables y retornadas al país de origen.
En las comparaciones se suele usar la metodología de la OCDE, imperfecta pero homologables para todos los países que la siguen.
De esa metodología son las cifras que reproduce el BdE en el siguiente cuadro, de inversión directa en España en los últimos años. 



Lo que vemos es que, desde que gobierna Sánchez, se ha registrado una notable caída de las inversiones extranjeras, más de un 31%. La política de esta gobierno ha sido tan nefasta para la inversión general que lo que sorprende es que la caída no haya sido más pronunciada.
Me propongo obtener una serie más larga para medir el clima económico y políticas favorable, o no, para la inversión en las distintas etapas políticas.

viernes, 20 de enero de 2023

La democracia

Creo que uno de los problemas de la Democracia es que reduce el horizonte temporal del que está en el Poder de manera aguda, hasta el punto de reducirlo a menos de los cuarto años usuales que transcurren entre dos elecciones. Más aún, si el que ha ganado las elecciones ya empieza a pensar en las siguientes y supedita sus decisiones a eso.

No estoy diciendo nada nuevo. En Economía se conoce como ciclo electoral, es decir, ciclo provocado por el gobierno con decisiones que le benefician a corto plazo y perjudican a la nación a un horizonte más largo.

Esto explica, por ejemplo, el aumento de la deuda pública, que además de descargarse sobre los hombros de futuras generaciones, tienen un efecto depresivo sobre las inversiones privadas. También explica la manipulación de los mercados financieros para sostener mejor esa deuda, lo que puede llevar a la inflación. Estas y otras políticas, de clara intención electoral, no son lamentablemente percibidas así por los electores, que como se puede observar, tiene motivaciones nada racionales, o muy poco.

En España estamos viviendo un ciclo electoral muy pronunciado de este cariz, que está degradando instituciones básicas para el orden democrático. Sí, el orden democrático puede ser víctima de los que dicen defenderlo. ¿Pero no llegó Hitler al poder en una elecciones  en 1933? Hay tantos casos de “selección perversa” mediante intachables elecciones...

Lo único que sabemos es que “la democracia es el peor sistema excluyendo todos los demás”, decía Churchill. Eso quiere decir que, a veces hay que defenderla contra la ceguera de sus beneficiarios, si éstos están ciegos. ¿Pero cómo, si el que ejerce el poder se encarga sistemáticamente de sembrar de bombas al que viene después? 

Muy difícil, si no hay un convencimiento generalizado de las consecuencias de lo que se está urdiendo? 


jueves, 19 de enero de 2023

Nosotros jugamos en otra competición

El problema de Sánchez es que no se entera de qué va Europa. Mientras él hace demagogia populista, en Europa se está cambiando el modelo profundamente, buscando además la eficiencia económica perdida. 
El nuevo modelo europeo que parecen haber pactado la Comisión y los gobiernos más fuertes, como Francia y Alemania (con países adherentes), contempla más gasto público, más intervención pública, pero recuperando una eficiencia perdida en la gestión. En términos más concretos: industrias básicas intervenidas o nacionalizadas (como ha hecho Francia con la electricidad) y, a la vez, reforma dramática de instituciones básicas, como el agujero de las pensiones, que amenaza con llevarse todo por delante y convertirnos en verdaderos parias de la Tierra. 
Pero Sánchez no se entera o no le complace. No le van los problemas a largo plazo, y menos estratégicos, le va más la propuesta de sus socios de gobierno podemitas, de endeudarse para repartir prebendas a adictos y clientela. De paso, meter mano a las instancias más significativas que son varias: Tribunales, CNMV, Leyes claves de orden constitucional, INE (PIB, IPC, cifras de desempleo) y todo lo que le  salga al paso de su despilfarro que arruina al estado. Si alguna estrategia tiene Sánchez, ésta no puede ser más que dejarle las duras reformas ineludibles a su sucesor, presumiblemente de la derecha. 
Así va sembrando clientela y poniéndoselo difícil, muy difícil, al futuro gobierno. Pero eso no es estrategia económica sino electoral. 
Quizás, desde su punto de vista, tenga sentido. Si miramos a Francia en estos momentos, país que encarna la estrategia europea de más intervención estatal unida a más eficiencia (¿?), lo que vemos es un país patas arriba por las huelgas que le han montado a Macron para impedir que desarrolle sus planes de reformar las pensiones y hacerlas financieramente más sostenibles – reformas que, en realidad, tratan sólo de retrasar en el tiempo la quiebra. 
Esto quiere decir, por lo que dicen las encuestas, que la masa electoral, agrupada tras los sindicatos huelguistas, rechazan frontalmente el aumento de la edad mínima de jubilación, hoy una cifra escandalosa: 61 años, algunos a los 60. Macron la quiere elevar progresivamente a los 62, y naturalmente, nadie quiere que le quiten el caramelo de la boca. Ya en 2018 Macron quiso hacer la reforma y sin enfrentó a los “Gilets Jaunes” (chalecos amarillos), un ejército inesperado, interclasista, que obligó al gobierno a dar marcha atrás. 
Esto es un problema porque Francia es el país más emblemático de la Unión. Es, o era, el bastión del Estado centralista pero eficaz que había fundado De Gaulle con la V República en 1958. Gran Estado, grandes empresas públicas, gobernadas por altos funcionarios ejemplares, educados en la no menos ejemplar “École Normale”, bajo cuyo nombre se esconde la formación de los futuros dirigentes, previamente seleccionados, del Estado y de la Empresa - privada o pública, lo que igualaba la retribución en ambos sectores. Algo que en España se desconoce.
Esto funcionó durante muchos años, hasta que en la primera crisis de petróleo, en 1973, despertamos todos de un sueño, y vimos por primera vez que tendríamos que pagar una tasa cada vez mayor de nuestra opulenta renta por las materias primas. Luego vino la segunda crisis del petróleo; el  alivio pasajero de la caída del Muro de Berlín (que redujo el coste de defensa, lo que se dio en llamar “rédito de La Paz”), hasta que al poco tiempo el Gran Oriente, China, emergió y se apoderó de los mercados mundiales gracias a un tipo de cambio artificialmente bajo, lo que además se tradujo en pingües excedentes exteriores que se adueñaron del mercado financiero mundial. (Hay que decir que el “efecto China” no se limitó a eso: algunos clamaban por una imitación de su modelo.)
A esto se le llamó globalización, es decir, en crudo, competencia por la productividad, que muchos países ricos, entre ellos España, no supieron digerir. La ventaja de China es que es una dictadura, que puede controlar los precios más importantes, como son el tipo de interés, el tipo de cambio, y el salario, y dirigir los flujos de capital a los sectores seleccionados por su interés estratégico y de largo plazo. Pero para eso es necesario ser una dictadura policial, militarizada y amenazante. Nosotros somos demócratas, y no amenazamos a nadie. 
Y para rematarlo todo, la lenta pero destructiva caída demográfica empezó a asomar por el horizonte, lo que se traducía, como dice Larry Summers, en la “Secular Stagnation”, visible en la lenta pero evidente caída de los tipos de interés en las últimas décadas. Es decir, la lenta caída de la rentabilidad del capital. 
Parece que en Europa, y menos España, no se hacían eco del mensaje, salvo en los fracasados intentos de reformar las pensiones, pero con la mano en el freno de mano por si las masas electorales se rebelaban. 
Y se rebelaron. Por lo tanto, el déficit y la deuda aumentaron, y ya de paso se le dio un empujón al componente estructural de ambos.
Tras la Crisis Financiera de 2008, los gobiernos no han conseguido controlar el déficit fiscal ni la deuda. Lo que no tiene justificación es que no todo es déficit cíclico. Es decir, para unas futuras generaciones menguantes y pésimamente preparadas, se les echa a la espalda un débito que deberán amortizar con sus, según Summers, una rentas notoriamente más bajas. 
Repito, esto al gobierno de Sánchez no le incumbe. Todo lo contrario, él aumenta la deuda estructural y la dilapida en generosas prestaciones selectivamente elegidas por ideología. Cuando lleguen los Reformistas y los hombres de negro ya inventaremos unos chalecos amarillos que les hagan frente. 
Lo que no es difícil es adivinar el bloqueo de Europa por unas masas electorales rebeldes que se muestran en contra de su supervivencia y la de sus hijos. Si antaño, los países subdesarrollados como Corea, o España, o más tarde Chile, supieron engancharse al capitalismo de occidente, es porque sus gobiernos crearon expectativas ciertas de progreso inmediato. Efectivamente, las duras reformas crearon inmediatamente aumento de la productividad, empleo y salarios reales crecientes. La demografía mundial ayudaba a crear mercados fáciles de conquistar. Además, los tipos de cambio eran ajustables, un poco de inflación reducía el tipo de interés de pleno empleo, las inversiones real rentables.
Un modelo pedestre pero eficaz, en el que resonaba lejanamente el eco de Keynes, aunque éste apenas había formulado un modelo a largo plazo, si bien había manifestado de palabra que veía el futuro con una fuerte intervención estatal. Pero no precisó los detalles a largo plazo. De eso se encargarían sus  seguidores, como Robert Solow. En todo caso, nadie ha modelizado variables no cuantificables pero esenciales, como la ayuda exterior (plan Marshall), el papel del estado en la coordinación (Francia), la protección en seguridad (Europa, Corea), etc, que ahora no se dan. En el Gran Desarrollo europeo postbélico, estos factores jugaron un papel esencial, quizás más importantes que la cifra de los préstamos  en dólares, como dicen De Long & Eichengreen (https://econpapers.repec.org/paper/nbrnberwo/3899.htm)
El papel esencial del plan Marshall fueron las condiciones de la ayuda: que requerían a los países receptores que abrieran sus mercados exteriores, desregulizaran su gestión,  acabaran con la corrupción y los mercados cautivos… todo esto originó un abundante y duradero flujo de inversiones transatlánticas hacia Europa. El continente no tardó mucho en notar los efectos, entre los que habría que contar la creación de la CECA en 1950, embrión de la futura UE.
A eso se añadía la enorme ayuda militar, que ahorraron a los países europeos los gastos que hubiera supuesto tras la devastación de la guerra, un re armamento propio. En la base de todo eso estaba la gran capacidad económica y militar de EEUU tras la guerra.  
Estas condiciones ahora no se dan, todo lo contrario. Quizás la bonanza de entonces nos inyectó una especie de anestesia... 
EEUU es un país deficitario como los demás, la caída demográfica nos obliga a ahorrar una tasa mayor de nuestra renta, bajar el endeudamiento, pero de una forma coordinada para mantener una demanda mundial suficiente. Es decir, un nivel de coordinación difícil de concebir en estos momentos de dispersión del pensamiento.

martes, 17 de enero de 2023

El origen de la Unión Europea

Sabía que cierta clase social, en todos los siglos, grandes o pequeños, era siempre la misma..., pero también sabía lo que era la fiebre y la decadencia, y conocía sus síntomas. Tibia promiscuidad; tolerancia de la debilidad; ironía sin fuerzas; ingenio indiscreto; la agudeza por la agudeza misma; sangre cansada, despilfarrado su ardor en la ironía, en insignificantes aventuras, en mezquinos anhelos, en refinados fatalismos, en una lánguida inutilidad. «Desde aquí no será salvado el mundo –pensó–. Pero ¿desde dónde entonces?».
(Eric Maria Remarque, “Arco de Triunfo”)

Cuando la clase dirigente empieza a mostrar esos signos que describe Remarque, empieza la decadencia. El enorme signo y el más definitivo es cuando los retoños de la clase dirigente se hacen de izquierdas. Véase Shumpeter, Tolstein Weber. 
Llamo clase dirigente a ese grupo de personas que a lo largo de los siglos ha tomado en sus manos la iniciativa y, por acción u omisión (no lo olviden), ha propiciado la creación de unas instituciones que han mantenido la senda recta (permítaseme la imprecisión), como en las últimas décadas el gobierno del mundo.
Repentinamente, las cosas se estancan, se hacen pétreas, se pudren, ya no hay movilidad vertical, ascensos y caídas. 
Lo que quiero decir es que sin esos pioneros y sus sucesores, no se hace historia. Pero el tiempo lo desgasta todo, y llegan los signos de decadencia y caída. Pasó en Roma, pasó en los imperios de España y de Inglaterra, o en el reinado absurdo de Luis XVI que acabó en la Revolución. Ahora se empiezan a percibir esos signos preocupantes en el gobierno que nos ha regido durante, más o menos, ocho décadas. 
Este gobierno mundial, aceptado por consenso en Europa y otros adheridos tras la última guerra mundial, no han explicado a su población quien era el que llevaba la manija y vigilaba al exterior. 
Desgraciadamente, esa vigilancia no fue perfecta, sino humana: fue torpedeada por cantos de sirena que hicieron boquetes en la valla cada vez más amplios. Sí, como los romanos, que fueron cediendo las armas y la cultura a los bárbaros. En este caso, a China, los bárbaros de hoy, con gran entusiasmo le cedimos tecnología y mercados, y un día se hicieron fuertes. 
No se puede culpar a nadie. Fuimos todos, desde los más listos a los más tontos. 
Ya es tarde. Sólo quedará en pie la nueva Constantinopla, último faro de Occidente hasta que lo apaguen los Bárbaros.
Entre tanto, hemos urdido ilusiones que aparentaban ser instituciones, como la Unión Europea. 
…………
El origen de la UE fue la CECA, Comunidad Europea del Carbón y el Acero. En wikipedia leemos, 

El Tratado de París (formalmente Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero),[1]​ firmado el 18 de abril de 1951 entre la República Federal AlemanaBélgicaFranciaItaliaLuxemburgo y los Países Bajos, fue el tratado que dio origen a lo que posteriormente sería la Unión Europea. El tratado estableció la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) que formó parte, primero, de las Comunidades Europeas y, luego, de la Unión Europea. Entró en vigor el 23 de julio de 1952 y expiró el 23 de julio de 2002, exactamente cincuenta años después de su nacimiento, tal como estaba previsto en su tratado.[1]​ Las competencias en materia de producción y comercio del carbón y el acero fueron asumidos en ese momento por la Comunidad.

En 1950 los franceses estaban obsesionados con lograr algún tipo de acuerdo para evitar una nueva invasión de Alemania, que ya habían sufrido tres veces desde la guerra Franco-prusiana de 1871.

Fueron invasiones devastadoras, especialmente la de 1914. De la brutalidad de Alemania entonces, que arrasó todo el norte del país vecino, nació en Francia un profundo rencor por los “boches”. Para comprender el chauvinismo francés hay que imaginarse la devastación de Francia por lo sucedido alemanes. 
Aunque si miramos un poco más para atrás, Napoleón había hecho lo mismo en Alemania en su conquista de Europa entera... (lo que dio origen al nacionalismo alemán...)
Además, en La Paz de París, en 1919, Francia (como hizo Alemania en 188) se empeñó humillar tanto a Alemania (con el beneplácito de EEUU y Gran Bretaña), exigiéndole unos pagos de reparaciones de guerra imposibles de cumplir, lo que consiguió crear el hundimiento de la Europa post bélica, tal como predijo Keynes en su “Las Consecuencias Económicas de La Paz”. Keynes hizo una valoración minuciosa de la carga inhumana que los vencedores pusieron sobre los hombros de los vencidos, y predijo, acertadamente, que la crisis de Centroeuropa sería el origen de más conflictos y una posible guerra. 20 años después asomaba la Segunda Guerra Mundial... 
En 1950, los fundadores de la futura UE pensaron que un tratado que ungiera los intereses materiales de los dos países - eso sí, adecuadamente no muy ambicioso -, sería un buen principio para aplacar la belicosidad de ambos. Se invitó a otros países a participar en el acuerdo, que fueron los mismos que, años más tarde, firmaron el nacimiento de la CEE, Comunidad Económica Europea, ésta sí verdadera base fundacional de la actual UE. 
Desde entonces, fue poco a poco abriendo sus fronteras entre sí, invitaron a más países, y luego se expandió por el sur, y al final por el Este, tras el hundimiento del comunismo. 
España pidió la admisión en sus comienzos, que le fue negada por no ser democrática. Pero logró firmar un buen tratado comercial en 1962 que le abrió las fronteras a sus exportaciones. Además, los países fundadores recibieron muy bien a los trabajadores españoles en paro y que hacían falta en Europa. De nuevo wikipedia:

España solicitó el estatus de país asociado a la Comunidad Económica Europea por primera vez el 9 de febrero de 1962, mediante una carta escrita por el ministro de Asuntos Exteriores Fernando María Castiella al presidente del Consejo de Ministros de la CEE, el francés Maurice Couve de Murville: partiendo de «la vocación europea de España», su situación geográfica y sus intereses económicos, el gobierno franquista solicita en esta carta «una asociación susceptible de llegar en su día a la plena integración después de salvar las etapas indispensables para que la economía española pueda alinearse con las condiciones del Mercado Común».[5][4][6]​ Sin embargo, dado que la CEE prefería que España tuviese un régimen democrático, fue denegada la adhesión mediante un mero acuse de recibo por carta el 6 de marzo.[7]​ En efecto, para ese año se estaban elaborando documentos en donde se exigía que para ser miembro debían ser Estados democráticos:[8]

 Siempre se ha considerado la CEE, luego UE, como la única pieza clave de la prosperidad y el progreso de los 1950-60, pero esto es una simplificación interesada. Lo que de verdad impulsó la paz y la prosperidad fue el Plan Marshall, de EEUU, un plan inteligente del que se beneficiaron ambos lados, EEUU y Europa (salvo los países del Pacto de Varsovia comunistas, por tajante rechazo de la URSS). EEUU exportaba a Europa todo lo que necesitaba, y Europa pagaba a muy largo plazo, mediante asientos contables cuya devolución se extendía en el tiempo hasta que la prosperidad los hacía cómodos de pagar. 
Como leemos en Sinahuga, el plan Marshall transfirió unos 13 mil millones de dólares, que eran depositados en el banco central. Estos fondos eran vendidos por moneda local (aumentaba el dinero líquido) a los importadores de suministros de EEUU. 
Pero el mayor impacto del Plan no provenía de los fondos financieros, sino de su condicionalidad a la liberación de las economías receptoras, que abrieron sus mercados internos y externos, evitándose tentaciones de proteccionismo y/o de socialización. Paralelo a esto, los países europeos se democratizaron políticamente, y como contra ejemplo, España no entró como beneficiario del Plan. 
A eso hay que añadir la ayuda no financiera en materia de seguridad, lo que permitió a Europa no tener que pagar la cuantiosa factura que hubiera exigido defenderse de la amenaza comunista. 
No es que la CECA, luego CEE, no fuera decisiva en el desarrollo europeo, pero la condicionalidad liberal y democrática del Plan hubo de ser aceptada como paso previo a CEE. Es posible que sin esa condición de 1948, la Comunidad Europea, comenzada en 1950, no hubiera sido tan inclinada a la democracia política ni a la economía de mercado. 
Por supuesto, democracia y economía de mercado interpretada según la tradición de cada país, muy diferente de uno a otro. Por ejemplo, en Alemania se desarrolló una economía peculiar llamad “Ordoliberalism”, en la que hay un concierto no escrito entre empresarios, sindicatos y gobierno, gracias al que la política antiinflacionista ha sido más fácil que, por ejemplo, en Francia. 
La Alianza en Seguridad bajo el Tratado de la OTAN, previo también a la fundación de la Comunidad Europea, fue el complemento perfecto. 
El impulso financiero y material del plan Marshall, y todo lo que le acompañó, 

lunes, 16 de enero de 2023

¿Es economía robusta o son estadísticas manipuladas?

José Clemente Polo nos invita a pensar respecto a la veracidad del inmenso  júbilo de la ministra Calviño (y por extensión, de Pedro Sánchez) sobre el estado de la economía española. 
¿Que ha visto la súperministra para decir que? 

“España inicia 2023 con un motor económico sin precedentes”, España acabó 2022 con un crecimiento del PIB de 5 % “gracias a las medidas de protección adoptadas para hacer frente a la pandemia… y ha tenido una recuperación rápida y fuerte”. Subraya “como factor diferencial más importante… el fuerte aumento del empleo que junto al afloramiento de la economía sumergida y al impacto de la reforma laboral, proporciona una base sólida para el nuevo ciclo”. Cifras récord de afiliación, tasas de paro en mínimos históricos, dos millones y medio más de contratos indefinidos avalan su magnífica gestión.  Y “a ello se suma la buena marcha del sector exterior y el extraordinario dinamismo de la inversión pública y privada gracias a las inversiones financiadas con los fondos europeos Next Generation EU, también sin precedentes en nuestra historia reciente”.

La  inflación “ha bajado cinco puntos en cinco meses” gracias a “las bajadas de los precios de la energía y a la eficacia de las medidas adoptadas por el Gobierno”.  Y en el ámbito de las finanzas públicas,  “se han movilizado ya más de 45.000 millones de euros de fondos públicos mediante bajadas fiscales y ayudas directas a consumidores y empresas… esta respuesta ágil y firme ha sido compatible con el cumplimiento, un año más, de los objetivos de reducción del déficit y la deuda pública, y al mismo tiempo, ha evitado un aumento de la desigualdad similar al vivido tras la crisis financiera de 2008”. 

En fin en fin. Nunca se vio tal descaro ditirámbico hablando de sí mismo, o sí misma, a la mayor gloria de un gobierno felón. Felón él y felona ella, para hablar como hoy en día. 
Porque esto es una felonía como las de Fernando VII, pasado a la historia como el rey felón. 
Recorramos con José Clemente la verdad que esconden estas palabras de la gran Popoff Calviño, supuestamente “High Proficiency” en Economía por la burocracia europea. En lo que es mentir, no se puede negar. 
1) Como ya nos contó en un artículo anterior José Clementecuando el INE mostró una estúpida independencia en sus estadísticas, rápidamente la felona hizo dimitir al presidente y lo sustituyó por una chica complaciente llamada Manzanera.
Bingo. Gracias a Dios, el PIB de levantó del desmayo y creció en 2022 UN punto más de lo que se había anotado previamente. Vean en el gráfico de Clemente (él lo llama el efecto ‘Manzanera’): las sucesivas revisiones al alza practicadas por la muchacha colocada por Calviño al frente de la Contabilidad Nacional. Lo que más destaca es las revisiones al alza de 28 septiembre y 23 diciembre (regalo a sí misma de papá Noel), sobre cuyo detalle dedicó un artículo José Clemente.




Sí señor, así se las ponían a Fernando VII, el otro felón. El resultado es un PIB ficticio al que habría que restarle 1 pp de crecimiento en 2022. 

2) Si grande es el arte del escamoteo en cuestiones de PIB, no menor es el que se viene practicando en la tasa de inflación, que se rebaja artificialmente, atribuyéndose la felona indigna los éxitos que se deberían a la caída de los precios energéticos, que sencillamente se han desinflado en los mercados mundiales - ¡igual que se atribuye el mérito del exuberante PIB por la gestión de la pandemia! -. Vean gráfico de José Clemente,



En el que se ve la caída del componente energético, que lógicamente hace moderarse al IPC general de 10,5% a 5,8%. 

3) Sobre la excelente salud de empleo y el paro que nos susurra Poppoff Calviño, yo creo que ya se ha dicho todo sobre la manipulación que supone pasar un montón de parados a “fijos discontinuos” modalidad que ha subido como la espuma y, lógicamente, han sido borrados de las cifras de parados, sean o no perceptores de ayuda al desempleo. Aquí me gustaría citar lo que dice José María Rotellar en Libertad Digital:

El número de contratos registrados baja en 491.633 contratos en tasa interanual. Esto supone una nueva bajada en tasa interanual (-29,44%) por séptimo mes consecutivo, bajada, además, que se mantiene, de manera que la bajada en el acumulado del año es de 1.074.016 contratos.

Al analizar el acumulado del año, entre enero y diciembre se han creado 2.319.527 contratos indefinidos fijos-discontinuos, que supone un incremento de 2.056.616 contratos sobre el mismo período del año anterior, que da imagen del artificio creado por el cambio de normativa.

4) la Deuda está creciendo gracias a las disparatadas políticas de Sánchez y sus cuates. Es mentira que se haya reducido. Nuevo gráfico de Clemente,



La deuda ha crecido en nominal, ahora bien, como el PIB se ha manipulado al alza, la ratio Deuda/PIB se ha moderado...

Es decir, una grosera manipulación de datos, que Eurostat debería denunciar y obligar a corregir. ¿Para algo debe servir Europa, no? 
Estamos en manos en unos desaprensivos mentirosos que dan vergüenza ajena y tristeza, porque las consecuencias cuando estallen serán en nuestra cara.